
Hay una foto reciente de Aymuray sentados alrededor de una mesa, compartiendo la cena después o antesde ensayar. No están en un escenario ni sosteniendo instrumentos. Solamente sonríen tal cual lo hacen los amigos cuando se juntan para comer. Viéndolos ahí, lejos de las luces y los conciertos, se entiende mejor el espíritu del grupo después de trece años, una banda que también ha aprendido a convivir.
Este viernes 22 de mayo, la agrupación celebrará sus 13 años de trayectoria en el Teatro Nuna con un concierto que reunirá canciones emblemáticas, nuevas composiciones y la proyección de “Qotsuñi”, el reciente videoclip inspirado en la cultura Uru. Escuchándolos hablar, una entiende que el aniversario no tiene solamente que ver con el tiempo transcurrido. Tiene que ver con todo lo que lograron sostener juntos.
Escucha la entrevista en Radio París La Paz
“Lo más importante es que hemos logrado consolidar nuestra comunidad sonora”, dice la cantante y compositora Marisol Díaz. Y la frase queda dando vueltas porque resume bastante bien lo que transmite Aymuray: una idea de comunidad donde cinco personas distintas encontraron una forma común de respirar dentro de la música.
“Somos cinco mundos”, agrega el baterista Víctor Hugo Guzmán. Cada integrante tiene otros proyectos musicales y otras búsquedas personales, pero dentro del grupo todas esas diferencias terminan dialogando entre sí. Quizá ahí aparece una de las cosas más interesantes de Aymuray: nunca intentan borrar las diferencias entre sus integrantes; más bien las convierten en parte del sonido.
Y se nota. Por eso en sus canciones conviven las raíces andinas, el jazz, la música contemporánea y la exploración sonora sin sentirse forzados. Christian Laguna lo explica casi sin querer cuando habla de Bolivia como una mezcla permanente de culturas y sensibilidades. “Los lenguajes se van metiendo en una licuadora”, dice riéndose. Y sin embargo, el resultado termina sonando natural.
Christian llegó a la agrupación después de la salida de Andy Burnett, ocupando un lugar importante dentro de una historia que ya tenía una identidad muy fuerte. Pero lejos de sentirse ajeno, habla del grupo como quien encontró una familia artística. “Aymuray no solamente es un mundo musical sino un mundo realmente humano”, dice en un momento de la entrevista.
Y probablemente esa sea la razón por la que el grupo logra transmitir tanta cercanía incluso desde composiciones complejas o profundamente simbólicas.
Eso también aparece en “Qotsuñi”, una de las obras más recientes de la agrupación. Inspirada en la cultura Uru, la canción y su videoclip animado funcionan como una reflexión sobre la memoria y la identidad. Pero Marisol habla de eso desde un lugar íntimo, no académico. Cuenta que acercarse a la cultura Uru le ayudó a comprender mejor sus propios orígenes. Habla de ese antiguo relato que dice “somos hijos de la luna” y de cómo todavía existe una necesidad profunda de sanar el desarraigo y la colonización desde la memoria. “Todavía no nos hemos acabado de curar”, reflexiona.
Concierto en Cantus
Y escuchándola, se entiende que Aymuray nunca trabaja lo ancestral como decoración estética. Lo hace desde una búsqueda emocional muy genuina. Incluso cuando Marisol habla de su “Sirina”, esa experiencia espiritual ligada al agua, las vertientes y los samiris, esas deidades andinas que entregan aliento a los instrumentos.
En otro momento de la conversación, Christian habla sobre los ensayos del grupo y termina describiendo algo mucho más cotidiano y simple que cualquier manifiesto artístico. “Es horriblemente maravilloso” afirma sonriendo. Cuenta que los lunes por la noche se reúnen, comparten comida, conversan y recién después empiezan a tocar. A veces hay café, a veces pan con queso, pero siempre existe ese momento previo donde vuelven a encontrarse como personas antes de hacer música. Así termina de describir esa fotografía con la que iniciamos este texto.
Quizá por eso Aymuray ha logrado sostener durante trece años una propuesta basada únicamente en composiciones originales. Sin fórmulas fáciles. Sin perseguir tendencias. Solamente desde esa insistencia colectiva de seguir creando algo propio.
Cuando se le pregunta si es difícil mantener composiciones originales, Marisol afirma que existe un público “sediento de propuestas honestas”. Y probablemente ahí también esté parte de la conexión que el grupo ha construido con quienes los escuchan tanto en Bolivia y en Latinamérica. Porque en tiempos donde casi todo parece inmediato, Aymuray sigue apostando por procesos lentos, por canciones que necesitan tiempo y por una música que todavía cree en el encuentro.

El concierto de aniversario se realizará este viernes 22 de mayo a las 20:00 en el Teatro Nuna y contará también con nuevas composiciones que formarán parte de la próxima etapa del grupo.
Más allá de las canciones o del festejo, hay algo que permanece después de escucharlos hablar, esa sensación de que Aymuray sigue existiendo porque todavía disfrutan estar juntos. Y quizás eso, en estos tiempos, ya es una forma de resistencia.
Escucha Aymuray:

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