
El Teatro de los Andes celebra, desde hoy en La Paz, 35 años de trayectoria con Ñanta Awaspa (Tejiendo el camino), un festival autogestionado que reúne nuevamente en escena a César Brie, fundador del grupo, junto a Gonzalo Callejas, Alice Guimarães y Lucas Achirico. El encuentro recupera obras emblemáticas, presenta nuevos trabajos y, sobre todo, vuelve a juntar a artistas que han construido una parte fundamental de la historia del teatro boliviano.
En esta conversación, sus protagonistas hablan sobre la visita de Brie y Achirico, los años transcurridos, la memoria de Yotala, el trabajo artístico, las heridas y los reencuentros, la situación de los espacios culturales y la necesidad de sostener el teatro desde el público.
GONZALO CALLEJAS: Nosotros acabamos de llegar a La Paz ahora ha sido muy emocionante, ¿no? Yo principalmente que hace muchos años estaba intentando festejar de alguna manera y cada vez le comentaba a Alice, ¿no?, poder hacerlo en algún momento y no solo entre nosotros, sino también con Lucas y César, digamos, ¿no?, que hace tiempo que ya no están en el Teatro de los Andes y sería lindo. Y finalmente se dio este sueño. Este año logramos concretar. Gracias también a la disponibilidad de César y Lucas de venir desde tan lejos y eso pues le ha dado otra energía a este festival, los 35 años, y inicialmente es más emoción que y no solo de nosotros, también de la gente más cercana y el público que nos está conociendo, ¿no? En Sucre ha sido increíble este festejo.
CD: Y lo que ha sido para ustedes presentar sus obras en este lugar recuperado que es el Tanga Tanga, el exmuseo de Niños Tanga Tanga.
ALICE GUIMARÃES: Ahora que nosotros queremos transformarlo definitivamente en el Centro Cultural Tanga Tanga, es un espacio que estuvo mucho tiempo cerrado y que nosotros siempre observábamos ahí, un espacio donde ya habíamos trabajado y nos daba mucha pena porque es un espacio precioso, un lugar noble de Sucre y hace mucho tiempo que estamos buscando este espacio para poder hacer alguna actividad, alguna vez alguna actividad así provisoria; pero ahora hace dos años casi nosotros hemos entrado con un pedido formal de concesión para poder gestionar ese espacio.
Todavía no está aprobado al 100%, pero desde mayo nos han dejado entrar en ese espacio y hacer gestiones para poder presentar obras. Hemos presentado obras nuestras, obras de otros artistas y finalmente este festival que fue lindísimo poder hacerlo ahí en este lugar que es más accesible a las personas; o sea, nosotros hemos hecho muchas veces en Yotala funciones que también es muy lindo hacer allá, pero ahí realmente facilita el acceso al público, también acceso a jóvenes. Antes del festival hemos hecho algunas funciones también para colegios y todo más, entonces es más fácil de llegar y también tener un espacio en Sucre, que está realmente sufriendo con la falta de espacios culturales, principalmente para el teatro.
CD: Lucas, ¿después de cuántos años estás viniendo a Bolivia?

LUCAS ACHIRICO:
8 años que estoy ya fuera viviendo en Polonia y bueno, personalmente me siento afortunado de mis compañeros que con estos 35 años creo que es llevar un proyecto de esta magnitud, continuar con este trabajo quijotesco en el contexto en el que ahora nos encontramos no solo aquí en Bolivia, igual en otros países en el mundo, digamos. Creo que es importante resaltar eso, rescatar y bueno, para mí ha sido muy emotivo todo este encuentro con ellos. Mucha memoria, muchos recuerdos, encuentros con todo el público que nos ha comenzado a seguir y que nos ha seguido, ¿no? Personas que han venido desde otras ciudades a Sucre. Entonces, creo que realmente este ha sido un encuentro y por otro lado el encuentro que hemos hecho en la escena en el trabajo también con el pequeño príncipe que César nos propuso y creo que estas cosas son las que son muy emotivas, personalmente hablando, y estoy muy feliz de poder participar, de poder estar aquí, haber podido estar en Sucre y estar aquí en La Paz mostrando y apoyando a los compañeros.
CD: César, volver a Yotala, volver a esa casa, ¿Qué ha significado para ti volver después de 15 años más o menos?
CÉSAR BRIE: Desde el punto de vista emotivo es una especie de bomba, que creo voy a terminar digiriendo cuando me vaya porque me cuesta hasta hablar. Tengo algunas sensaciones, puedo decirlas. La primera es la primera mañana que me levanté, yo llegué directamente a Yotala, ni pasé por Sucre del aeropuerto, fuimos directamente a Yotala. Había una coa, una especie de cena juntos y yo a las 6 de la mañana estaba caminando los espacios donde trabajé y que construí con ellos hace 35 años.
Y la sensación que tenía era que respiraba todo lo que había sido y lo que aún era. La cosa más maravillosa de mis compañeros, entiendo Lucas, entiendo Gonzalo, entiendo Alice, es que han continuado siendo quienes eran, cambiando sí modalidades seguramente, pero ese lugar conserva… es como un monasterio laico, una especie de templo de arte porque conserva en las paredes toda esa energía, esa fuerza; y recuerdo cuando entré en la sala de teatro, que yo en la época protestaba porque pensaba que tendría que haber sido dos metros más ancha, más alta, y me pareció enorme respecto a los espacios en los que yo logro trabajar hoy en el primer mundo.
Entonces dije: habíamos construido un espacio casi perfecto para poder crear, y todo eso se mantiene, no porque se mantengan los muros, porque necesitan incluso algunas refacciones el edificio. Y ahí vino el segundo pensamiento, que es la lucha que están realizando en este caso Gonzalo y Alice para que la municipalidad de Sucre les dé el Tanga Tanga. Yo no entiendo una vez más por qué tardan tanto los políticos en darse cuenta. El Teatro de los Andes no es una actividad privada, aunque aparentemente lo sea. El Teatro de los Andes ha sido el resultado del esfuerzo enorme de un grupo de artistas que han tratado de dar todo a este país y al arte y a la cultura teatral de este país. El Tanga Tanga, si fuera del Teatro de los Andes, se volvería un centro maravilloso porque es un espacio que luego de 20 años de abandono estaba destinado a hacerse bolsa de nuevo, cómo se han hecho otros espacios grandiosos que hay alrededor de Sucre que se han ido destruyendo por la desidia de las instituciones. Deberían encontrar un modo de ayudar al teatro para que ese espacio siga existiendo. El otro espacio, el espacio del Teatro de los Andes en Yotala, es como un templo a conservar para que se siga trabajando en modo profundo, dedicado cuando se crean obras. El Teatro de los Andes cuando crea una obra no la crea en dos días, la crea en un largo trabajo de investigación, de profundización, y eso es lo que paga. La belleza en el arte tiene una condición: el tiempo que le dedicas. Si no le dedicas tiempo, no hay.
CD: Y justamente, ¿cuánto tiempo les ha tomado rearmarse? Armarse para El viejo príncipe y rearmarse para En un sol amarillo. ¿Cómo ha sido?
ALICE: ¿Digo la verdad? (ríe). Bueno, El viejo príncipe, nosotros hemos estado en Yotala creo que una semana, 8 días trabajando, lo hemos levantado la obra y después cuando ya estábamos en Sucre empezando a hacer el festival, nos encontramos algunas veces por ensayos y los dos últimos días hemos cerrado finalmente confiando en la experiencia y también porque es una obra muy linda que ya tenía una estructura.

CÉSAR BRIE: Lo que teníamos que hacer era que los actores aprendieran los roles y lo bello ha sido que desde el primer momento que nos hemos juntado es como si no hubieran pasado 15 años, es como si ayer hubiéramos dejado de trabajar y hoy hubiéramos recomenzado, o sea, el lenguaje era común. Entonces nos salió, creo que nos salió muy bien porque nos salió con nuestro lenguaje, con nuestro desparpajo, con nuestra ironía y resolviendo los problemas. Nosotros sabemos como artistas que hemos hecho un gran camino juntos. Cuando hay un problema hay que resolverlo. Entonces encontrábamos enseguida las soluciones empujados también por la urgencia, pero fue también muy lindo hacerlo así porque fue en realidad como una reposición y al mismo tiempo fue reencontrarnos a través de esa reposición nosotros cuatro.
CD: Este festival no solamente es Teatro de los Andes, también tienen de invitado a un clásico, un amigo. Estará Sergio Mercurio y también tengo entendido en Sucre tuvieron a Pablo, sobrino de César. Cuéntanos un poco sobre la participación de estos artistas en Sucre y también en La Paz.
GONZALO CALLEJAS: Sergio Mercurio hace parte de la historia del Teatro de los Andes, porque él comenzó también cuando el Teatro de los Andes se estaba instalando los primeros años en Yotala y ahí empezó toda su travesía y desde ese momento ya somos hermanos, ¿no?, como muchos en realidad. Nosotros hubiéramos querido invitar a mucha gente, muchos artistas, compañeros entrañables de grupos, pero no ha sido posible porque este festival que estamos organizando realmente es con nuestros propios medios. Sabemos la crisis que hay en nuestro país de las instituciones y no hemos recibido ningún apoyo. Todos los gastos y todo lo que vamos a cubrir de pasajes, estadía, etcétera, va a salir de las entradas, entonces es autosostenible. Y Sergio Mercurio, como decía, es parte. Lamentablemente la obra de El contrabajo no ha podido venir por problemas de tiempo y todo; por suerte logró estar en Sucre, va a estar en Cochabamba y después retorna, el Pablito.

CD: Lucas, ¿cómo te está yendo en Europa? ¿Tú tienes toda una propuesta musical, familiar? ¿Qué están haciendo allá?
LUCAS ACHIRICO: Sí, es un proyecto, es un contexto diferente en el que estoy ahora. Vivo en el campo, a 40 minutos de Ucrania al sur. Y bueno, yo digo que estoy aprendiendo, pero sí seguimos trabajando en teatro, música bastante, y estamos conociendo toda esa parte que es las minorías étnicas que también es en la región donde vivimos; y bueno, me hubiese gustado mucho poder llegar con una propuesta para el festival, pero siempre pienso que en una próxima oportunidad vendremos y apoyaremos también.
CD: Sin embargo, bueno, llegas para actuar en estas obras, pero también para un taller.
LUCAS ACHIRICO: Sí, sí. Eh, bueno, para mí es muy importante siempre esa pedagogía que voy aprendiendo y poder hacer un taller a mí me ayuda a entender qué cosas puedo pasar de lo que voy aprendiendo. Y muy feliz en realidad de que también logre colaborar en ese sentido con el Teatro de los Andes.
CD: Cochabamba hoy ha temblado nuevamente, ha habido un pequeño sismo. De repente la tierra tiembla de cuándo en cuando. ¿Cómo ha encontrado César esta nueva puesta en escena de sus compañeros de En un sol amarillo?
CÉSAR BRIE: En un sol amarillo. Mira, yo me quedé estremecido como si yo no la hubiera hecho, porque se ha secado. Nosotros decimos en la jerga teatral que algo se seca cuando encuentra su punto, cuando todo lo que sobraba se ha ido perdiendo. Y es impresionante para mí, como lo fue también Un buen morir, que yo no había visto nunca y me estremeció. Yo he asistido a tres obras maestras: dos eran las que no había visto, Pallay y Un buen morir, y la otra fue En un sol amarillo, y me estremeció.
Me estremeció. Creo que la síntesis que hicimos de la primera versión eran dos actos y la segunda versión es un acto; fue a la que tuvimos que sacrificar muchas cosas, muchas informaciones, pero lo volvió realmente una especie de épica de una catástrofe. El hombre frente a una situación límite como es un terremoto, y se siente con el público. El público va montando una emoción, va montando una atención, una conmoción, y aunque hay momentos después cómicos que ayudan a digerir, porque si no estaríamos solo frente a una tragedia, eso fue maravilloso para mí.

CD: Coméntenos un poco sobre las convocatorias para el «Ruarispakani» . Cada año se hacen los talleres, ya salieron la convocatoria y seguramente en Sucre ahí también han movido muchas almas para dedicarse al teatro con este festival.
ALICE GUIMARÃES:
Cada año nosotros tratamos de hacer en el mes de enero un taller residencia que el Teatro de los Andes ha hecho desde que ha empezado esa instancia de estar allá. Antes era de 15 días, ahora hemos reducido a 11 días porque también por cuestiones económicas ya no hacemos día libre en el medio, es todo de una, también para posibilitar por los tiempos de la gente, los tiempos han cambiado. Y sí, ya hemos lanzado la convocatoria. Lo que nos apena es que ya hay algunos inscritos, gente de afuera, de Brasil, de Chile, que consiguen fondos en sus países para venir a hacer nuestro taller. Se vienen con los pasajes pagados, con el taller pagado; y aquí en Bolivia los bolivianos y bolivianas tienen que juntar cada centavito.
Nosotros tratamos de ayudar, hacemos un precio diferente para gente boliviana, por supuesto, pero tampoco podemos mucho. Los costos son muy caros, los costos en Bolivia han subido muchísimo, y ahora más todavía. Nos falta que aquí en Bolivia apoyen porque hay poquísimos lugares donde la gente puede acceder a una formación de teatro. Hay una escuela de teatro en Santa Cruz de la Sierra y después hay talleres de algunos grupos. Ese nuestro taller es de 11 días, pero son prácticamente 90 horas de trabajo, es bastante completo y quisiéramos que fuera más inclusivo, pero ahí está la convocatoria. En ese taller justamente nosotros estamos proponiendo algo un poquito diferente de hace algunos años porque está basado en esa investigación última que tenemos, una relación más directa, más profundizada, más consciente con la filosofía andina, y de ese lugar nosotros partimos para todo lo que proponemos en el taller.
CD: Me gustaría que hagamos un ejercicio de opinar sobre alguno de ustedes, de repente Gonzalo de César, César… bueno, ustedes escojan después de estos 35 años, ¿cómo se encuentran? ¿Cómo se ven? ¿Cómo se ven como personas, como actores, como dramaturgos en la puesta en escena? Momento de decirse las verdades. No sé quién quiere empezar hablando del otro y podemos jugar.
GONZALO CALLEJAS: Yo voy a hablar del maestro ahí. Siempre han sido buenos estos momentos de Sucre principalmente, incluso desde que hemos empezado a ensayar El viejo príncipe, todo tenía sentido. No solo estábamos contando una historia que se había adaptado del Principito, a mí me daba la sensación que estábamos hablando de nosotros y eso era muy fuerte para mí, incluso los textos y todo, ¿no? Y nada, pues es eso. El viejo príncipe está aquí y todo lo que se dice muchas cosas son así ahora, con toda esa madurez que hemos tenido. Algo bien bonito también que noto de César es que él no ha cambiado esa su generosidad, obviamente. Hemos tenido muchas diferencias todos estos años, la separación y todo que de alguna manera algunas cosas las hemos hablado, principalmente cuando yo estaba en Italia, cuando les fui a visitar y a raíz de eso también fue posible este reencuentro que ha sido hermosísimo. Hay heridas que tal vez no se sanen al 100%, pero otras sí. Y la manera en que lo estamos haciendo en escena, compartiendo palco, el escenario, ha sido la mejor manera.

Esa ética de ser compañeros, de ser artistas, eso no ha cambiado en César. Siempre está generoso, incluso ahora con otras obras. Nuestra intención del festival también era justamente mostrarles estos trabajos que nosotros hemos seguido adelante, Un buen morir, Palla y la última obra, tanto a Lucas como a César, compartir con ellos este trabajo, nuestras búsquedas también. Y él ha estado muy generoso. Esa su generosidad y eso agradecido.
CD: Le toca a César. César, ¿de quién quieres hablar?
CÉSAR BRIE: De los tres, ¿no? Yo conocí a Gonzalo y a Lucas cuando tenían 18 años. Yo fui incluso tutor de Lucas al inicio porque todavía era menor de edad para las leyes bolivianas en ese momento, y siento que ellos han ido más allá de lo que yo les he enseñado o les he transmitido. Ya me soportaban cuando yo estaba, porque yo también soy un caracteristo, tenía y tengo muchos defectos que creo que han disminuido con los años porque soy menos impaciente y menos irruente. Pero reencontrarme con Gonzalo y Lucas ha sido un regalo.
Te puedo contar solo el primer día de encuentro, que no fue aquí, sino el que antecedió a este viaje, cuando yo los invité a venir a trabajar conmigo en el proyecto que yo tengo en Italia, que es un teatrito de los Andes, podríamos llamarlo teatro de los Apeninos, que se llama Isla del Teatro. Y el primer día que fuimos a buscar a Lucas al aeropuerto, los llevé a ver una muestra de Anselm Kiefer, un grandísimo escultor, porque yo sentía y se lo dije a Gonzalo que lo que Anselm Kiefer hacía tenía mucho que ver con lo que él hacía, solo que Anselm Kiefer es el escultor más pagado del mundo y Gonzalo no es conocido; pero para mí Gonzalo es uno de los más grandes escenógrafos que yo haya nunca conocido, aparte de ser un inmenso actor. Después que vimos juntos esa muestra, les dije: ‘Tengo un taller de 2 horas que me pagan porque los actores de una cooperativa me habían elegido por 2 horas, un breve taller de introducción a mi lenguaje teatral’. Y eran 15 años que no trabajábamos juntos. Les dije: ‘Vengan, lo hacemos juntos’. Y yo les presenté a estos alumnos: ‘Este es Gonzalo, este es Lucas, han trabajado conmigo 34 años atrás, 33 años atrás’. Lucas, Gonzalo, ellos hicieron cada uno media hora, después yo hice el resto del tiempo y después nos pagaron y nos dividimos la platita como tres maleantes. La sensación que tuve es que no había pasado un día, no porque trabajáramos del mismo modo, sino porque la energía, la actitud, la ética detrás de todo lo que hacíamos era transparente.
Y con Alice para mí es una restitución haber vuelto a trabajar con Alice porque ella fue muy importante en el Teatro de los Andes cuando llegó. Fue una persona que se asumió muchas cosas también prácticas, además de tener una enorme capacidad física. Ella era una bailarina de Bharatanatyam, conocía muchas cosas que los demás no conocían ni las transmitían, fue una de las que lideró el trabajo físico en el teatro desde el principio. Siendo alumna, era también ya maestra… Y esa parte es fundamental en un grupo de teatro, la persona que te hace razonar sobre esto y esto otro. Es como haber vuelto a abrazar hermanos que en la época eran alumnos y ahora son hermanos y son maestros. Cuando alguien me decía: ‘Ahora el Teatro de los Andes sin vos’, yo les decía: ‘Si el Teatro de los Andes sin mí es menos, significa que yo he sido un mal maestro’. Porque en realidad lo que yo he visto es que ellos han conservado y llevado como un estandarte la ética, la belleza, la necesidad, la lucidez y la voluntad de trabajo. Esas son las cosas fundamentales.

ALICE GUIMARÃES: Bueno, yo voy a hablar de los dos (Lucas y Gonzalo). Lucas y Gonzalo, yo creo que no es por nada que se han quedado como pilares del Teatro de los Andes por un tema que yo digo así: tienen aguante. Y eso viene de algo desde adentro, de una relación con el estar en la vida y ver la vida y relacionarse con el mundo que es distinta. En el Teatro de los Andes han crecido, pero siempre han tenido un protagonismo.
Ellos estaban ahí siempre, en su trabajo, en el hacer, el ‘estar estando’, el ‘hacer haciendo’. Y esa capacidad de aguante por esa capacidad de entender la vida desde otro lugar, aceptar las diferencias, aceptar oposiciones y lograr convivir con eso e encontrar incluso en eso algo que es impulso, sentido. Y observo porque, como el César dijo, yo vengo de otro mundo, de otra cultura, de otro país. Yo creo que eso es lo que ha ayudado a mantener ese tejido de este grupo. Ellos tienen algo muy valioso e importante que han aportado desde sus inicios y que César, como el pescador de perlas que es, lo ha percibido desde que los ha conocido. Gonzalo cuando entró en el Teatro de los Andes, él era tímido, pero algo había ahí. El César tiene el mérito de encontrar y valorar estas dos perlas.
LUCAS ACHIRICO: Voy a hablar un poco de mi sensación de ahora vivir allá. En nuestro grupo, en el Teatro de los Andes, ha sido un grupo siempre de intercambio, de colaboración muy honesta, muy libre. En ese sentido todas las personas que han pasado han sido de afuera y han venido. César vino con este proyecto… Y en Bolivia muchas veces no dan el reconocimiento, siempre termina siendo el extranjero; como Alice que continúa en este proyecto de vida llevando el proyecto. Las personas que han llegado han aportado muchísimo a este grupo. Nosotros, yo personalmente, he aprendido mucho de todas las personas que han llegado y han sido tan abiertas como para darte todo lo que saben. Creo que eso es algo muy lindo del Teatro de los Andes y lo que Alice aporta con todo lo que ha tenido que dejar.
CD: César, seguramente has recordado a Paolo Nalli llegando a Yotala.
CÉSAR BRIE: ¿Quieres que hable de Paolo? Mira, voy a decírtelo de otro modo. Estoy preparando una obra que voy a comenzar ahora con alumnos argentinos que se llama La reparación. La reparación es una estación como si fuera una estación de trenes donde diferentes personas van a reparar algo de su vida: esa frase que no dijiste, ese encuentro que faltó… Una de las personas con las que yo quisiera crear un diálogo en esa reparación es con Paolo Nali, porque Paolo fue fundamental en el Teatro de los Andes.
Era el que sabía que todo era inútil y lo hacía, el que tenía claro que íbamos a fracasar y luchaba, era calmo, era el que negaba el dinero, tenía el maldito rol de decir no hay cada vez. Y mientras duró nuestra amistad fue para mí la otra parte de mi vida. Y cuando nuestra amistad se dañó, yo traté de encontrar la forma en que pudiéramos estar los dos allí sin que pesara eso. Eso ya fue más difícil. Y lo extraño, lo extraño. Personas como Paolo son fundamentales en los grupos de artistas. Aquel que se asume todo el ripio, toda la parte fea, y lo hace.

CD: Si nos pueden comentar sobre Fui, qué encontraron en ese Fui de César Brie.
ALICE GUIMARÃES: En Fui está César, es una autoficción, pero está la esencia. Siempre es bellísimo ver a César en escena. Para mí fue lindo porque la primera obra del Teatro de los Andes que yo vi fue en el primer taller en el 97, cuando César hizo solo Los giles mueren de amor, y luego ahora veo Fui, que es un monólogo también diferente pero al mismo tiempo es César.
Es una obra muy hermosa donde uno aparece desnudo y esa es la verdad, desnudo de verdad, porque desnudarse no es sacar la ropa, es otra cosa, y hay que tener valor para hacerlo.
CD: César, ¿qué te ha dado Bolivia como artista? ¿Qué ha hecho que te quedes, que te vayas, que vuelvas? ¿Cómo la estás viendo como artista?
CÉSAR BRIE: Antes de venir pensaba que iba a acabar mis días en la Isla del Teatro que estoy creando en Italia y tal vez retirarme para estar cerca de mis hermanos cuando comenzáramos a morirnos. Hay una frase que digo en El viejo príncipe que a un cierto punto digo: ‘Mira, ahí está mi casa’, señalando una estrella tan lejos y tan cerca. Y en uno de los ensayos me detuve porque se me bloqueó la garganta al preguntarme: ¿cuál es mi casa? ¿Es la Argentina donde nací y donde están mis hermanos? ¿Es Italia donde estoy trabajando? ¿O es este país en el que he aprendido tanto, tanto, tanto? La pregunta sucesiva es dónde me quiero morir, dónde quiero pasar los últimos años de mi vida.
Bolivia es el país donde todo lo que yo he hecho ha tenido sentido, en el bien y en el mal. Es el país que más cosas me ha dado y al que yo he dado más cosas. Entonces no es que quiero volver al Teatro de los Andes, porque el Teatro de los Andes son Gonzalo, Lucas y Alice en este momento. Lo que yo puedo hacer con ellos es ayudarlos, colaborar, aconsejar a veces. No tengo que pisar el terreno que ellos pisan, porque ya es un terreno donde hay dos maestros ahora que trabajan. Pero sí por ahí ir a otro lugar y empezar un proyecto, algo que sea mi modo de despedirme. En la obra griega Edipo en Colono se habla del lugar donde uno va para acabar sus días: no es el cementerio de los elefantes, es el lugar donde vas a lanzar el último gran mugido. Eso sería.
CD: La invitación para irlos a ver, para disfrutar de este festival que han preparado con mucho cariño para la ciudad de La Paz.
ALICE GUIMARÃES: Nosotros estamos muy felices porque ya estamos con casi todas las entradas vendidas, algunas obras ya están sold out. Empezamos el domingo con En un sol amarillo en el Teatro Municipal; luego lunes y martes El guardavidas de Sergio Mercurio en el Nuna; miércoles y jueves Fui, el monólogo de César en el Teatro Nuna; y viernes y sábado El viejo príncipe en el Teatro Nuna. Hay también tres talleres: uno de Sergio Mercurio en Campolindo, en el espacio de los Cirujas;6 y 7 en el nuevo Nuna en Calacoto, y luego el taller de César que es el 11 y 12 también en el Teatro Nuna. Entonces también quien esté interesado en aprovechar esas oportunidades únicas de disfrutar sea de las obras y también de los talleres.
GONZALO CALLEJAS: Yo quería agradecer mucho a la ciudad de La Paz porque ha sido un público siempre que nos ha cobijado todos estos años y era imposible no estar aquí. Teníamos sí o sí que estar aquí. Aquí tenemos no solo compañeros artistas que son nuestros hermanos como El Alto Teatro, Tabla Roja, pero sí también gente que nos ha seguido y el público en general que siempre nos ha cobijado.
ALICE GUIMARÃES: Y también decir que aquí en La Paz nosotros estamos unidos, nos está haciendo toda la organización y producciones Andrea Riera junto con el proyecto YviraSacha para funciones de estudiantes. Y una actividad extra que está paralela al festival de una actriz brasilera que llega con recursos de un fondo de Brasil para dar un taller e investigación sobre el lenguaje drag, burlesco y clown en el espacio El Bestiario, además de charlas magistrales.
LUCAS ACHIRICO: Invitar a toda la gente y agradecer por continuar apoyando de esta manera. Ya hay funciones totalmente vendidas, así que invitarles a que vengan porque las obras son muy lindas.
CÉSAR BRIE: Yo agradecerte por las preguntas e invitar a todos a que vengan. Hay una frase de un actor ruso-hebreo asesinado por Stalin que dice: ‘No viniste a verme, no te preocupes, no me verás nunca más’. Entonces, traten de venirnos a ver porque el teatro vive de estos pequeños actos de presencia en el presente, en el ahora y aquí. Entonces, vengan, vengan, vengan.

Una entrevista para Radio París La Paz. Fotos: archivos de Teatro de los Andes.

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