ARTESANOS DE OCHO DEPARTAMENTOS DE BOLIVIA CONSTRUYEN UNA AGENDA NACIONAL DE LA ALASITA

Las illas que cada enero condensan anhelos, oficios y creencias hoy son también el punto de partida para imaginar el futuro de una de las expresiones culturales más representativas de Bolivia. Artesanos provenientes de ocho departamentos del país se reúnen en La Paz para construir una agenda nacional que permita fortalecer, proteger y proyectar la Alasita, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2017.

El Primer Encuentro Nacional de Artesanos de la Feria Patrimonial de la Alasita 2026 congregaron a representantes de federaciones, asociaciones y consejos de amautas de Santa Cruz, Cochabamba, Potosí, Chuquisaca, Oruro, Pando, Tarija, La Paz y El Alto. Bajo el lema «Identidad, salvaguardia y desarrollo productivo», el encuentro busca debatir políticas públicas vinculadas con la preservación patrimonial, la reactivación económica del sector y la creación de la Confederación Nacional de Artesanos de la Alasita. La iniciativa cuenta con el respaldo del Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, a través del Viceministerio de Culturas y Folklore.

Para la ministra de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía, Cinthya Yañez, la Alasita constituye una de las manifestaciones más importantes de la cultura viva del país. Recordó que las miniaturas movilizan a miles de productores y forman parte de un patrimonio reconocido por la humanidad. Asimismo, advirtió que, frente al riesgo de perder autenticidad, la festividad permanece bajo una constante curaduría encomendada tanto a especialistas como a los propios artesanos.

«Felicitamos el esfuerzo de la Federación de Artesanos Expositores y de las demás federaciones de artesanos, así como del Consejo de Amautas, por organizar este encuentro que busca salvaguardar y proteger los valores tradicionales y proyectarlos para que continúen vigentes a lo largo de este siglo», señaló la autoridad.

Para el viceministro de Culturas, Andrés Zaratti, quienes modelan estas miniaturas son el verdadero corazón de la festividad. Recordó que acompañó durante casi dos décadas el proceso que culminó con la postulación ante la UNESCO y destacó que el trabajo artesanal no solo produce bienes culturales, sino que también preserva identidad, memoria y una dimensión profundamente simbólica.

«Para mí es muy significativo este encuentro de artesanos, ya que me ha tocado acompañarlos casi 20 años en este desarrollo y participar en la carpeta de postulación (a la UNESCO). Estamos conscientes de que son el corazón y la esencia de la Alasita, no sólo porque producen bienes culturales, artesanías en diferente formato, sino que a través de ellas expresan identidad, memoria, pero algo fundamental de la Alasita es que a través de ellas expresan sueños», sostuvo.

Zaratti también remarcó la necesidad de comprender la Alasita desde una perspectiva nacional. «La Alasita está presente en todos los departamentos de Bolivia. Esto nos genera el reto de que, a partir de estos recorridos nacionales, podamos amplificar y fortalecer los recorridos internacionales». En ese sentido, recordó que fueron artesanos viajeros quienes llevaron la tradición hasta Puno y, posteriormente, a otras ciudades del mundo.

Uno de los principales resultados esperados del encuentro será la elaboración de un diagnóstico sobre las ferias y las distintas representaciones de la Alasita en el país. Según explicó Boris Cussi, en representación de la Federación Nacional de Artesanos Expositores de Navidad y Alasita (Fenaena), este trabajo permitirá identificar fortalezas, desafíos y oportunidades para construir una propuesta integral orientada al desarrollo, fortalecimiento y protección de la festividad en beneficio de las actuales y futuras generaciones de artesanos.

Más que un espacio de deliberación, el encuentro busca consolidar una visión compartida sobre el destino de una tradición donde cada miniatura concentra historia, oficio y esperanza. Porque preservar la Alasita significa también resguardar el universo simbólico que, desde las manos de sus artesanos, continúa dando forma a los sueños de Bolivia.

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