
Mario Frías Infante dedicó buena parte de su vida a una tarea excepcional en Bolivia: traducir directamente del griego uno de los poemas fundacionales de la literatura occidental. Publicada por Santillana en 2014 y hoy agotada, su edición de La Odisea merece volver a las librerías en un momento en que el interés por Homero renace en todo el mundo.
Un clásico boliviano que merece volver
En 2014, la editorial Santillana publicó en Bolivia un libro que, con el paso de los años, terminó convirtiéndose en una rareza editorial. No porque hubiera sido concebido como una edición de colección, sino porque la respuesta de los lectores agotó los ejemplares y nunca volvió a imprimirse. Hoy es prácticamente imposible encontrar esa traducción de La Odisea realizada por Mario Frías Infante, filólogo, académico y uno de los mayores conocedores del mundo griego en el país. Resulta paradójico que esa ausencia coincida con un renovado interés internacional por el poema de Homero, impulsado por la próxima adaptación cinematográfica de Christopher Nolan. Si alguna obra boliviana mereciera regresar a las librerías en este contexto, es precisamente esta, no solo por la calidad de su traducción, sino porque constituye uno de los trabajos filológicos más importantes publicados en Bolivia durante las últimas décadas.
Traducir La Odisea nunca fue, para Mario Frías, el desafío de encontrar equivalencias entre palabras. Esa sería apenas la parte más visible de un trabajo mucho más complejo. Traducir significaba reconstruir una civilización entera: comprender la mentalidad de los griegos, sus referencias geográficas, el peso simbólico de sus dioses, el sentido oculto de los nombres propios y la extraordinaria arquitectura narrativa que convirtió a Homero en el punto de partida de la literatura occidental. Solo después de recorrer ese camino podía comenzar la verdadera traducción.
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Traducir una civilización, no solo un idioma
No era, además, la primera vez que se enfrentaba al poema. Décadas antes había realizado una versión inicial, pero el tiempo, el estudio y las nuevas investigaciones sobre la lengua homérica terminaron convenciéndolo de que aquella obra debía volver a escribirse.
En su momento, hace 12 años, nos decía: «Hace treinta años hice una primera traducción y ya era tiempo de hacer una nueva, porque en todo este tiempo se van comprendiendo más algunas cosas, se conoce en mayor profundidad la lengua original en la que fue escrita y vale la pena hacer una renovación».
La palabra «renovación» podría hacer pensar en una simple revisión del texto, pero en realidad describe un proyecto editorial mucho más ambicioso. La edición incorpora más de doscientas notas al pie, un mapa que permite seguir el itinerario de Odiseo desde Troya hasta Ítaca, estudios sobre el contexto histórico y geográfico de la obra, un análisis de su estructura narrativa, una bibliografía actualizada y un índice de personajes que facilita el trabajo de estudiantes, investigadores y lectores interesados. Todo ello responde a una misma idea: que el lector no se limite a leer La Odisea, sino que pueda comprender el mundo del que nació.
Para Frías, buena parte de las dificultades de lectura provienen de aquello que el texto no explica porque, para los contemporáneos de Homero, era evidente. Los nombres propios constituyen un buen ejemplo. Detrás de ellos se esconden significados que enriquecen la construcción de cada personaje y que suelen perderse en las traducciones convencionales.
«Las notas tienen esa función de aclararle al lector aspectos que para el público al que Homero dirigió su obra eran completamente naturales. Los nombres de personajes, por ejemplo, tienen un significado. Telémaco no es solamente un nombre; significa ‘el que combate desde lejos’. Lo mismo ocurre con muchos epítetos de los dioses, donde una sola palabra griega expresa un concepto bastante complejo que en español debe traducirse mediante una perífrasis», nos explica.
Esa explicación resume también su manera de entender el oficio del traductor. Más que trasladar palabras, se trata de recuperar sentidos. El trabajo filológico consiste precisamente en descubrir todo aquello que permanece oculto detrás de un verso y ponerlo nuevamente al alcance del lector moderno. En ese sentido, la edición publicada por Santillana no es únicamente una traducción; es una invitación a entrar en el universo cultural de la Grecia arcaica.
Cuando Homero vuelve a hablar
Pero detrás del académico aparece constantemente el lector apasionado. Mario Frías habla de Homero con la serenidad del estudioso, aunque basta preguntarle por la experiencia de leer el poema en griego para que el rigor dé paso al entusiasmo. «Leer en griego La Odisea, y las muchas veces que tuve que leerla para traducirla, siempre fue un placer extraordinario. Leyendo en griego uno parece que estuviera escuchando de alguna manera a Homero».
La frase revela algo que pocas veces aparece en los estudios académicos: la emoción de la lectura. Para él, el poema nunca dejó de ser una experiencia viva. Mientras avanzaba en la traducción, había momentos en que la distancia entre el siglo VIII antes de Cristo y el presente parecía desaparecer.
Uno de esos episodios ocurre cuando Odiseo llega al reino de los feacios y comienza a narrar personalmente sus aventuras. Homero abandona momentáneamente al narrador omnisciente y convierte al propio héroe en la voz del relato. Ese recurso, que siglos después sería habitual en la novela contemporánea, continúa sorprendiendo por su eficacia narrativa.
«Cuando llegaba a esa parte me sentía como uno de los habitantes de ese reino, sentado cerca del rey Alcínoo, escuchando a Odiseo. Eso es realmente formidable».
No es la única escena que permanece grabada en su memoria. También recuerda con especial emoción el encuentro de Odiseo con el alma de su madre en el Hades, uno de los momentos más conmovedores de toda la literatura clásica cuando nos explica: «Él quiere darle un abrazo, pero no puede porque ya no es el cuerpo de la madre, sino la psijé (ψυχή), el alma, que se le esfuma. Escenas de ese tipo son innumerables y muy lindas; todo eso es gratísimo leerlo en griego».
El viaje que sigue hablando de nosotros
Quizá esa capacidad de conmover explique por qué La Odisea continúa encontrando lectores casi tres mil años después de haber sido compuesta. Su permanencia no depende únicamente de su importancia histórica, sino de la manera en que sigue dialogando con preocupaciones profundamente humanas. El regreso al hogar, la incertidumbre frente al destino, la nostalgia, el amor filial, la fidelidad, la inteligencia puesta a prueba o el deseo de recuperar la propia identidad siguen siendo experiencias universales.
Mario Frías lo resume con una sencillez que parece contener toda una teoría de la literatura: «La respuesta es simple: se trata de una obra clásica. Y una obra clásica tiene la virtud de contener las características esenciales del ser humano».
Por eso sostiene que el lector termina encontrándose a sí mismo entre sus páginas.
«Uno se encuentra a sí mismo porque reconoce en los personajes lo que realmente es el ser humano. Está el hombre que quiere volver a su familia, reencontrarse consigo mismo; está el amor entre padres e hijos, la fidelidad, la traición, el afecto, la inteligencia, la fortaleza. Todo eso sigue siendo profundamente humano.»
Un Homero en español latinoamericano
Esa misma convicción explica otra de las decisiones centrales de su trabajo: escribir para el lector latinoamericano. Mario Frías consideraba que muchas traducciones disponibles en español seguían utilizando un lenguaje peninsular que, lejos de acercar el texto, aumentaba la distancia cultural. La suya pretendía justamente lo contrario: demostrar que un clásico puede leerse desde el español de América sin perder rigor ni belleza.
«Las traducciones existentes fueron hechas en España y muchas son antiguas, en un español que no es el nuestro. Ese lenguaje contribuye a aumentar la lejanía de La Odisea. Creo que el lector boliviano tiene todo el derecho a tener un mejor acceso a esa obra y hacerlo en un lenguaje que le resulte familiar.»
No sorprende entonces que, al hablar de la influencia de Homero, Frías no se limite a citar autores clásicos. Prefiere mostrar cómo el poeta sigue habitando nuestra cultura cotidiana. Desde Ulises, de James Joyce, hasta el teatro contemporáneo, pasando por el cine o las expresiones que utilizamos sin pensar en su origen, la huella del viejo aedo continúa viva.
«Es rara una obra importante que no contenga algo de lo que Homero dijo. Cuando hoy hablamos de una odisea para referirnos a un viaje difícil, seguimos hablando de Homero».
Incluso recuerda, entre sonrisas, haber inventado durante un congreso el verbo «penelopear» para describir a quien avanza y retrocede constantemente sin concluir una tarea, como Penélope frente a su telar. La ocurrencia provocó risas, pero también demostró hasta qué punto los personajes creados por Homero siguen siendo capaces de nombrar experiencias contemporáneas.
Un legado para volver a descubrir
Hacia el final de la conversación aparece una confesión que probablemente explique mejor que cualquier análisis el sentido de toda esa empresa intelectual. Después de tantos años estudiando el griego, traduciendo a Homero, Sófocles y Platón, Mario Frías reconoce que el mayor cambio no ocurrió en los libros, sino en él mismo.
«No puedo negar la influencia de La Odisea en mi manera de ser. Yo soy distinto después de haber traducido La Odisea de lo que era antes. Y digo que cualquier lector que la lea también será distinto después de haberla leído.»
Tal vez esa sea, finalmente, la mejor definición de un clásico. No un libro que resiste el paso del tiempo, sino un libro que transforma a quienes se acercan a él. La traducción de Mario Frías Infante logró precisamente eso: tender un puente entre la antigua Grecia y los lectores bolivianos sin sacrificar la riqueza del original. Que hoy permanezca agotada es una ausencia que merece corregirse. Porque cada nueva generación merece emprender ese viaje hacia Ítaca con una edición que no solo traduzca las palabras de Homero, sino también el mundo que ellas contienen.
La traducción de La Odisea no fue el punto de llegada de Mario Frías Infante, sino parte de un proyecto intelectual mucho más amplio: acercar los grandes textos de la Antigüedad al lector hispanoamericano mediante traducciones directas del griego y del latín. A lo largo de su trayectoria publicó versiones de Antígona y Edipo rey, de Sófocles; Critón, Ion y, más recientemente, Apología de Sócrates, de Platón; además de La Ilíada, publicada por Santillana en 2021, que completa el gran ciclo homérico. A ellas se suman traducciones del latín como De senectute (La ancianidad) y De amicitia (La amistad), de Cicerón, y la Epistula ad Pisones o Arte poética, de Horacio. Más que un traductor, Mario Frías ha sido un paciente constructor de puentes entre el mundo clásico y el español de América, dejando para Bolivia un legado editorial y cultural cuya dimensión apenas empieza a valorarse.
Conoce más a Mario Frías con la entrevista que le hicieron en C’haska:

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