
Tunupa, el segundo álbum de Radio Cutipa, será presentado en vivo este viernes 20 de febrero a las 20:00 horas en el Teatro Nuna, en La Paz, en una noche concebida como celebración y rito compartido. Allí, la banda llevará al escenario este nuevo repertorio junto a sus invitados, en un concierto que marcará el lanzamiento oficial del disco tanto en formato digital como en vinilo.
LA FOLCTRÓNICA COMO TERRITORIO EN EXPANSIÓN
El sonido parece venir de lejos, como si atravesara la Amazonía y el Salar antes de instalarse en el presente. Tunupa, el segundo álbum de la banda, se escucha así: como una geografía que respira memoria.
El grupo está conformado por cuatro músicos que han convertido la conversación en método creativo: Álvaro “Conejo” Arce, Luis Daniel Iturralde, René Hamel y La Imilla Kósmica (Valeria Milligan). Cada uno ocupa un territorio específico dentro de esta arquitectura sonora, pero el resultado es colectivo.
“Son pasajes muy bolivianos mezclados con electrónica, con mucha percusión y algunos samples”, explican sobre el álbum. En entrevista con Radio París La Paz, Álvaro señala: “Es una miscelánea musical, pero siempre muy apegada a sonoridades y paisajes altiplánicos”.
En Tunupa, Radio Cutipa despliega un mapa rítmico que cruza geografías y tradiciones: cumbia andina, cumbia colombiana, cumbia amazónica peruana y chicha psicodélica en diálogo con el legado de Los Wemblers de Iquitos; tonadas de guaño reconfiguradas hacia el caporal; pulsos de carimbó amazónico compartidos entre Brasil y el norte boliviano; bases electrónicas y beats contemporáneos; intervenciones cercanas al hip hop; y una percusión que incorpora huancaras, bongós, djembes y campanas, enlazando lo andino con resonancias afroatlánticas. El resultado no es una suma de estilos, sino una cartografía sonora donde cada ritmo encuentra su punto de cruce con el altiplano.
Una identidad que no se negocia
El primer álbum del grupo, publicado en enero de 2024, confirmó que su intuición tenía eco. “Fue una carta de presentación de lo que realmente quiere hacer Radio Cutipa: esta fusión entre el folclor, lo autóctono y lo contemporáneo”. La sorpresa llegó cuando comenzaron a recibir mensajes desde el extranjero. “Nos mandaban videítos desde Berlín o Nueva York donde estaba sonando nuestra música”, cuenta Luis Daniel.
Sin embargo, lo que más valoran no es la anécdota cosmopolita, sino el arraigo local. “Hemos logrado generar una audiencia con música propia, con identidad propia, sin hacer covers ni tributos. Eso es un desafío en nuestro mercado”.
Esa afirmación resume la ética del proyecto: modernidad sin renunciar a la raíz.

Un laboratorio colectivo
El proceso creativo revela una dinámica horizontal. “El Conejo trae sus mix y vamos poniéndole pequeños elementos”, cuenta Luis Daniel. A partir de esas bases iniciales comienza un trabajo minucioso de construcción colectiva.
Luis Daniel Iturralde asume un papel central en la percusión, sumando huancaras, bongós, djembes y otros matices rítmicos que expanden el pulso electrónico. Ese entramado se entrelaza con las cuerdas y aerófonos de René Hamel, que aportan profundidad melódica y raíz andina. La Imilla Kósmica suma una dimensión vocal que oscila entre lo melódico y lo urbano, integrando fraseos cercanos al hip hop con timbres que remiten a la tradición.
“Hay una conversación mundial, global, de música”, explican. “Ese es el mix interesante que propone Radio Cutipa”.
No se trata de yuxtaponer estilos, sino de permitir que dialoguen. Una huancara puede convivir con un sintetizador; un ritmo africano puede desplazarse sobre un paisaje altiplánico sin desfigurar su esencia.
Cumbia como territorio expandido
En Tunupa, la cumbia adquiere un protagonismo renovado. “Hemos profundizado un poquito más”, explican. El álbum incluye una versión de “La Danza del Petrolero” de Los Wemblers de Iquitos, rebautizada como “La Danza del Oro Negro”, en alusión al vinilo, y convertida finalmente en colaboración con el vocalista original del grupo peruano.
La geografía se amplía también hacia Brasil, con la participación de Henrique Maluf, y hacia la tradición boliviana con Norte Potosí, invitados en el tema “Puka Tika”. “Para nosotros es un honor”, subrayan. “Nos consideramos fans”. Estas colaboraciones no buscan exotizar, sino tender puentes entre escenas que comparten raíces históricas y pulsos rítmicos.
El sonido como cuidado
El disco fue mezclado y masterizado por el productor argentino Manuel Schaller, de Oídos Contentos, cuyo trabajo ha sido clave para lograr mayor claridad instrumental. “Se aprecia más la variedad de instrumentos. Hay un balance muy bueno; todos los elementos se escuchan con mucha nitidez”, aclara Álvaro.
La edición en vinilo, con apoyo del sello peruano Rey Record y distribución internacional de Vampisoul, responde a una convicción estética: la música como objeto, como experiencia tangible. “Queríamos presentar el disco con una obra física. No lanzarlo en digital y después, meses más tarde, en vinilo”.
En tiempos de escucha fragmentada, el gesto adquiere un valor simbólico.
El Salar como presencia viva
La dimensión visual de Tunupa acompaña y amplía su intención sonora. El Salar de Uyuni, también llamado Salar de Tunupa por el volcán que lo custodia, es la mayor planicie de sal del mundo y se extiende a casi 3.700 metros de altitud en el altiplano boliviano. Allí, donde el horizonte se vuelve espejo y el cielo parece duplicarse en la tierra, la banda encontró algo más que una locación: encontró una resonancia simbólica con el espíritu del disco.
Una de las sesiones fue filmada dentro de “El Portal”, estructura de ladrillos de sal concebida por el artista boliviano Gastón Ugalde. “Aprovechamos la energía de ese tremendo artista”, cuentan. “Nos metimos al portal y armamos una sesión en vivo. Fue súper lindo”.
En el salar, el sonido se expande con otra densidad, el viento marca su propio pulso y la montaña Tunupa observa como una presencia tutelar. El paisaje no funciona como escenografía, sino como interlocutor.
Cuando escucharon juntos los vinilos recién llegados, la sensación fue clara. “Es un trabajo distinto. Más profesional, más vanguardista. Ya nos conocemos mejor y en vivo hay una química más interesante”.
Tunupa no busca ofrecer una postal sonora para el consumo externo. Es, más bien, una pregunta abierta: cómo suena hoy la montaña y de qué manera puede la memoria dialogar con la pista de baile sin perder profundidad.
Escucha el disco completo:

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