
Foto: Arte del concierto Migrantes, migraciones / Orquesta Sinfónica Boliviana
Los músicos son migrantes por naturaleza. Viajan para estudiar, para tocar, para encontrar escenarios. Cada desplazamiento deja huella en su manera de escuchar y de interpretar. Con esa conciencia del tránsito como condición humana y artística, la Orquesta Sinfónica Nacional de Bolivia inaugura su temporada 2026 con un programa que asume el movimiento como eje conceptual y sonoro.
La música también se mueve, migra. Sube y desciende, como las familias que dejan el campo para instalarse en la ciudad, como los jóvenes que cruzan fronteras llevando en la memoria una melodía aprendida en la infancia. En Bolivia, el movimiento no es excepción sino historia. Las migraciones internas han transformado barrios y acentos, han mezclado timbres rurales y urbanos, han tejido nuevas identidades sonoras. Y en el mundo, millones de personas se desplazan cada año en busca de trabajo, refugio o futuro, mientras la migración es, paradójicamente, señalada como amenaza.
El estreno de Cergio Prudencio
El concierto lleva por título Migrantes, migraciones y su núcleo es el estreno absoluto de la obra homónima de Cergio Prudencio, quien además dirige la velada por invitación del director ejecutivo titular, Daniel Montes. Se trata de una partitura concebida especialmente para esta apertura de temporada y pensada para la estructura particular de la sinfónica boliviana, una orquesta de cámara en dimensiones, pero de amplias posibilidades expresivas.
Migrantes, migraciones no narra historias concretas ni describe travesías individuales. La migración aquí es un principio estructural. Prudencio parte de una intuición acústica: el sonido mismo es migrante. Se desplaza en el aire, atraviesa el espacio arquitectónico, modifica la percepción del oyente y se transforma en su interioridad. Desde esa idea, la obra adquiere un carácter performático. Cergio no está presente, se esconde. Los músicos memorizan la partitura y se mueven dentro y fuera del escenario, alterando la perspectiva auditiva y convirtiendo el espacio en parte activa de la composición.
Hay teatralidad, pero no argumento. Hay imágenes, símbolos, desplazamientos físicos que dialogan con los desplazamientos humanos del presente. Sin convertirse en pieza panfletaria, la obra se solidariza, quizás, con quienes hoy viven la experiencia del desarraigo y cuestiona la estigmatización contemporánea del migrante.
Aunque concebida para la estructura específica de la sinfónica, 44 músicos, dos cornos, cuerdas a seis por sección, la obra deja filtrar, casi inconscientemente, la experiencia de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos. Vientos, temporalidades circulares, transformaciones graduales del sonido que migran de una cualidad a otra, construyendo espirales abiertas.
El compositor conoce la migración desde la infancia: vivió en Estados Unidos, Perú, Venezuela y Europa. Pero más honda le parece la herida de las migraciones internas en Bolivia, marcadas por la segregación de clase y cultura.
La interioridad de Villalpando
Junto al estreno de Prudencio, el programa presenta otra obra boliviana reciente: Música para orquesta 9 Adoración al Íntimo de Alberto Villalpando, escrita en 2025 y dedicada al propio director del concierto. Esta novena entrega de la serie iniciada en 1973 confirma una estética que, con el paso del tiempo, se ha ido despojando de lo accesorio para abrazar lo esencial.
Villalpando describe su proceso creativo como una autoengendración, una búsqueda mística que lo conduce hacia la fuente interior. Según Prudencio, El Íntimo, en la tradición gnóstica, es la chispa divina que habita en el ser. La música fluye entonces como revelación orgánica. En esta obra predominan los silencios cargados de sentido, las líneas mínimas, los acordes que emergen como respiraciones. Es una partitura de introspección profunda que sitúa al oyente en un espacio de recogimiento antes de que el concierto avance hacia otros territorios expresivos.
Diálogo con la tradición europea
El programa se completa con dos obras del repertorio internacional que amplían el marco del diálogo. Kol Nidrei de Max Bruch, inspirada en la plegaria hebrea que abre el día del arrepentimiento, será interpretada por la chelista Andrea García, primera cello de la orquesta. La obra propone un intercambio intenso entre solista y conjunto, donde el canto del cello adquiere una dimensión casi litúrgica y la orquesta sostiene, impulsa y respira junto a la línea solista.
El cierre estará a cargo del Concierto para piano y orquesta n.º 4, Op. 58 de Ludwig van Beethoven, interpretado por el pianista Gery Ticona. Referencial en el repertorio pianístico, la obra combina una altísima exigencia técnica con una concepción sinfónica del diálogo entre piano y orquesta. No se trata de mero acompañamiento, sino de concertación plena, donde ambos cuerpos sonoros construyen una arquitectura de tensión y lirismo.
Un inicio en múltiples direcciones
Dirigir este programa, para Cergio Prudencio, implica articular contrastes. De la concentración tímbrica y espiritual de Villalpando al dinamismo espacial del estreno de Prudencio. El hilo conductor es el movimiento.
La temporada 2026 comienza así con una declaración de principios. La orquesta no es un cuerpo inmóvil, sino un organismo en tránsito. La música no es territorio fijo, sino energía que se desplaza y se transforma. Y en un tiempo en que las migraciones marcan la agenda global y la experiencia cotidiana de millones, este concierto propone escuchar el movimiento no como amenaza, sino como fuente de creación. Porque toda música, en el fondo, es viaje. Y todo viaje deja resonancias.
Redacción: La Escoba Escultural

Deja un comentario