Esta muerte ya estaba anunciada. El golpe me tocó hace unos días. Entré al Escaparate Cultural,
de fondo, canciones de Nilo Soruco; pero no había muchos libros en los stands, estaban haciendo
inventario para cerrar y finalizar su actividad en abril. Me salí avergonzada y triste. En la tarde
volví, con platita para comprar alguna joya y no quedarme con las ganas de llevarme algunos libros
más.
Una de mis librerías favoritas se cierra. ¿Se cierra por falta de respuesta? ¿Se cierra por falta de
políticas culturales? La cosa es que se cierra…y punto.
Queda entonces subrayar esas escenas tan lindas que quedan entre caseros. Y como se tratara de
marcar un libro, marco de la siguiente manera:
Prólogo de la conquista: Ya no recuerdo cómo llegó a mis manos un catálogo impreso, donde
había una lista de libros. Al revisar, una se quedaba chocha porque había títulos muy buenos
para comprar y lo más lindo: una podía llamar por teléfono y llevaban el libro a tu domicilio.
¡Qué más podíamos pedir! Llegaron a ocho publicaciones de estos catálogos, con 2500 títulos
de producción nacional. Había de todo, narrativa, poesía, ensayos, también había música. Poco
después apostaron por la venta virtual, con un sitio web.
Páginas de la emancipación: Ya no recuerdo cuál fue el primer libro que compré del Escaparate,
pero sí recuerdo que me alegré mucho cuando abrieron la tienda en la zona sur, después de
haber participado en muchas ferias del libro en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Buenos Aires y
Guadalajara. En alguna feria es muy posible que los haya conocido y seguramente los entrevisté
para hablar sobre este proyecto cultural. No dejaron de crecer y lograron abrir también en la 6 de
agosto. O sea que no había justificación para no comprar, estaban al paso.
Páginas de la comprensión: Ya no recuerdo el año de esa feria del libro en La Paz; pero sí recuerdo
que en algún espacio discreto estaba el Escaparate y con títulos de lujo, surtidito, con todas las
editoriales posibles, ofertando libros independientes y libros de editoriales reconocidas. Es allí
donde encontré el libro “Cerco de Penumbras” de Oscar Cerruto, primera edición, de esos cuyas
hojas son de papel sábana y que huelen a guardado. Me dio mi ataque porque era de colección,
pero ya no me alcanzaba el dinero para llevármelo. Es así que Patricia Calderón, una de las
gestoras de este proyecto me dijo: ¡llevátelo! Paga lo que puedas y el resto nos terminas de pagar
en la librería la siguiente semana. Es ahí donde me di cuenta que este proyecto iba en serio, que
su objetivo de atención personalizada era en serio, y que se trataba de fomentar la lectura y que
era posible crear lazos entre caseras de libros.
Páginas de las recomendaciones: Ya no recuerdo cuántas veces me habré quedado conversando
con el Juan Manuel Finot, otro de los responsables de este proyecto. Y me quedaba a charlar
porque él sí sabía vender los libros, te hacía antojar novedades, te sugería autores, tenía 6000
títulos para recomendar, buscaba hasta encontrar lo que le pedías, y si no encontraba te decía
dónde podías buscar. No hay que olvidar que el Juan Manuel viajaba a otros países para traer
nuevos títulos, porque también se animaron a traer libros de afuera, incluso en idioma francés. O
sea llegaron a ofertar de todo, nacional e internacional, allí encontré libros baratos de la Clarice
Lispector, allí el Juan Manuel me hizo toda una reflexión sobre la importancia de leer a Baricco,
Palahniuk, Murakami y muchos más. Si le pedía alguna poeta boliviana como Vilma Tapia, la
encontraba y recomendaba otra más. Y así eran todos los que trabajaron en el Escaparate. ¡Qué
más podíamos pedir!
Epílogo forzado: Yo sé que recordaré siempre y con nostalgia a este espacio cultural. Ahora están
devolviendo los libros a sus autores y editoriales. Están conciliando cifras y pagando las últimas
cuentas. Pero también están liquidando hasta el 12 de abril algunos títulos y los descuentos van
del 10 al 30%.
No queda más que agradecer a este proyecto privado que tuvo la convicción y la apuesta de
hacer un aporte cultural a este país durante más de diez años. No supimos responder, no supimos
sostenerlo, no pudimos apropiarlo. No sé qué pudo haber pasado. Lo cierto, y de eso estoy segura,
es que muchos son los que tienen un historial con esta librería, porque un libro no es cualquier
cosa. Gracias Escaparate, triste ver lugares así cerrándose y que no hagamos huelga, ni bloqueos
ni nada. Gracias por haberle dado un giro a mi vida con cada libro que me han vendido, cada vez
que los lea recordaré con nostalgia diciendo: Había una vez en la calles paceñas, una librería, un
espacio de lujo y se llamaba Escaparate Cultural.
Claudia Daza
Periodista con saudade


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