MÚSICA DE MAESTROS Y LA ORQUESTA SINFÓNICA NACIONAL: UN VIAJE POR LA MEMORIA MUSICAL DE BOLIVIA

Redacción

Bolivia conoce bien este fenómeno. Muchas de las canciones que hoy forman parte de su patrimonio sobrevivieron a las guerras o a los conflictos sociales gracias a la memoria oral, a cuadernos olvidados en algún cajón familiar o al trabajo silencioso de investigadores y músicos que se negaron a aceptar que una parte de la historia del país desapareciera.

Desde hace cuarenta años, Música de Maestros ha asumido precisamente esa tarea. Más que una agrupación musical, se ha convertido en un proyecto de recuperación de la memoria cultural boliviana. Su trabajo ha consistido en rastrear compositores, rescatar partituras, reinterpretar repertorios y devolverles vigencia a obras que hablan de guerras, paisajes, regiones, amores y personajes que forman parte de la historia nacional.

Por eso, el concierto que ofrecerá junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, dentro del Festival Sinfónica Fusión, tiene una dimensión que trasciende lo estrictamente artístico. Se trata del encuentro entre dos tradiciones musicales que durante mucho tiempo caminaron por senderos paralelos y que ahora vuelven a reunirse para construir una lectura distinta de la música boliviana.

La presentación, reprogramada para el 2 de junio debido a la situación social que atraviesa el país, promete convertirse en uno de los momentos más significativos de esta edición del festival. No solamente por la calidad de los músicos involucrados, sino porque representa una oportunidad para escuchar canciones conocidas desde una perspectiva diferente y descubrir otras que, pese a formar parte del patrimonio nacional, permanecen todavía lejos del conocimiento masivo.

Volver al escenario con una nueva mirada

Para Rolando Encinas, director y fundador de Música de Maestros, la relación con la Orquesta Sinfónica Nacional no es nueva. Sin embargo, cada reencuentro tiene características distintas y responde a contextos culturales diferentes.

“En dos ocasiones ya hemos podido compartir con la Orquesta Sinfónica Nacional y es una experiencia muy especial, obviamente. También hemos estrenado en aquella oportunidad, en el 2015, una obra de Adrián Patiño Carpio que hasta ese momento no se conocía, Escenas de la altipampa boliviana, una sinfonía de música nacional, entre otros temas criollos de diferentes regiones del país. No deja de ser una experiencia linda volver al escenario en esta etapa con otra música, con otras propuestas, pues tenemos mucha música grabada y bueno, la diferencia va a ser que tenemos nuevos temas que se han orquestado, más lo que quizás la gente quiere escuchar todavía de algunas canciones que en estos 40 años se han llegado a conocer y son del gusto del público nuestro”.

Este concierto nace precisamente de esa acumulación. No es una mirada nostálgica hacia el pasado, sino una oportunidad para revisitarlo desde nuevas herramientas musicales. La orquestación permite ampliar matices, generar contrastes y descubrir detalles que muchas veces permanecen ocultos en versiones más tradicionales.

Un repertorio que recorre la historia del país

Pocas agrupaciones bolivianas han desarrollado una relación tan estrecha con la investigación histórica como Música de Maestros. Su repertorio no responde únicamente a criterios estéticos. También está construido a partir de procesos de búsqueda documental, recuperación de partituras originales y recopilación de materiales provenientes de distintas regiones del país.

Por eso, el programa preparado para este concierto se asemeja más a una travesía por la memoria nacional que a una simple selección de canciones.

“El material que vamos a presentar junto a la Orquesta Sinfónica Nacional pues son obras que tienen que ver con la historia, incluso desde la Guerra del Pacífico, la Guerra Federal, la Guerra del Chaco y hasta nuestros días. Hemos documentado bastante música recopilada también y trabajado de partituras originales, estaremos presentando la Suite Oriental, Melodías del Monte de diferentes regiones de etnias. Tenemos música de cuecas, La vencedora, En tus ojos, un bolero de caballería de Rigoberto Sainz titulado Abaroa, entre otros temas que en realidad forman parte del repertorio grabado en todos estos años y quizás con muy poca difusión hasta el momento, entonces va a ser oportuno poder mostrar esta música y poder disfrutar con una sonoridad nueva esta noche que se dé junto a la Orquesta Sinfónica Nacional”.

La amplitud de esa propuesta resulta reveladora. No se trata únicamente de recorrer distintos periodos históricos, sino de mostrar la diversidad cultural que ha dado forma a Bolivia. En un mismo concierto convivirán composiciones inspiradas en episodios decisivos de la historia republicana con melodías nacidas en comunidades amazónicas, cuecas que forman parte del imaginario nacional y obras que sobreviven gracias al trabajo de rescate realizado durante décadas.

Cuando las quenas dialogan con los oboes

Uno de los mayores desafíos de cualquier proyecto que une instrumentos tradicionales con una orquesta sinfónica consiste en evitar que una de las partes termine subordinando a la otra. La riqueza aparece precisamente cuando ambas identidades logran coexistir.

Encinas observa esa relación desde una perspectiva histórica.

“Los instrumentos que nos han llegado de afuera, se los ha adoptado en cada lugar de Latinoamérica de una manera distinta. Lo propio en Bolivia, formas de tocar particulares, la guitarra no es lo mismo que en el Perú ni en Venezuela. Entonces creo que trabajando esas formas musicales con los instrumentos que para nosotros son tan especiales como el fagot, el oboe, los clarinetes, pues dan otro tipo de carácter a las canciones, a la música misma que se está proponiendo”.

Lo interesante de esa mirada es que evita las falsas oposiciones. No existe una música pura enfrentada a otra extranjera. Lo que existe son procesos culturales complejos en los que cada sociedad adopta, transforma y resignifica los instrumentos que incorpora.

Esa lógica se extiende también a las voces que participarán en el concierto.

“Y la parte vocal que va a estar por tres compañeros que ya están años, Nano Sandoval, que es uno de los pilares del grupo, Juliano Encinas y Wilson Molina, voces preciosas que van a regalarnos también, por su parte, la poesía de las canciones que hemos elegido para esta ocasión. Entonces van a mantener su estructura y su identidad. Cada instrumento, tanto de los que han llegado de afuera como los nuestros, las quenas, las zampoñas, en todo caso va a ser algo muy, muy especial para nosotros”.

El objetivo no es transformar las canciones en otra cosa. Al contrario. Se trata de preservar su esencia mientras se amplían sus posibilidades expresivas.

Daniel Montes y el arte de construir puentes

La realización de un proyecto de estas características requiere no solamente talento musical, sino también capacidad de diálogo. Encinas destaca ese aspecto al referirse al director de la Orquesta Sinfónica Nacional, Daniel Montes.

“Encuentro en el maestro Daniel Montes una calidad musical y humana muy especial, algo que no había experimentado antes. Muy pocos directores tienen ese carisma, ese espíritu de colaboración y de sencillez. En lo poco que he podido compartir con él, me doy cuenta de la calidad que tiene en muchos aspectos. Y creo que eso hace la gran diferencia”.

Para Encinas, la importancia de Montes no radica únicamente en sus capacidades técnicas.

“Tiene muchas ganas de poder hacer este trabajo, como seguramente lo ha hecho con los demás invitados. Entonces, estoy contento, porque yo también soy exigente en mi dirección y él es el que va a estar ahora, con la batuta, conduciendo el programa en dos partes que se va a dar y haciendo que las dos orquestas puedan conversar con sus diferentes secciones y puedan regalarnos lo mejor esa noche”.

La palabra conversar aparece nuevamente. No es casual. Quizás sea la mejor definición posible para este proyecto.

La música en tiempos difíciles

La conversación inevitablemente desemboca en la situación que atraviesa el país. Los conflictos sociales han afectado la organización de eventos culturales y han generado incertidumbre tanto para artistas como para públicos. Encinas reconoce ese impacto sin rodeos.

“Posiblemente nos afecte bastante el espíritu. Todos estamos dolidos de lo que está pasando, tanto el público como los músicos, que no pueden trabajar ni programar tranquilos un evento. Si es que todo llega a pacificarse, pues estaremos compartiendo este momento con todo lo que les estoy comentando. Pero si es que también se puede posponer, será quizás lo mejor para poder estar con el mejor espíritu y escuchar esta música, que nos va a hacer muy bien”.

Sin embargo, lejos de plantear la cultura como un refugio aislado de la realidad, la entiende como una herramienta para comprender mejor el país.

“En este momento tan difícil que estamos viviendo, esta música estoy seguro que nos abre otra forma de ver el país. Es parte de nuestra educación de valorar las diferencias que tenemos culturales y la riqueza que podemos tener. Valorar la poesía, valorar la música de diferentes compositores, pues la orquesta se llama Música de Maestros por ellos, porque ellos son los que nos han heredado esta riqueza musical”.

Y luego llega una frase que resume cuatro décadas de recorrido por Bolivia. “Desde muy joven, yo, después de haber estado 20 años antes de formar la orquesta, paseando por diferentes regiones, he comprendido que el estar en el Chaco, el estar en los valles, me han nutrido y puedo entender que, bueno, es parte de mí. Yo no soy paceño, yo soy boliviano. Yo he paseado todo el país, todas las minas, etcétera”.

Salir del teatro conociendo algo más de Bolivia

Cuando se le pregunta qué espera que experimente el público, Encinas no habla primero de emoción ni de espectáculo. Habla de conocimiento.

“Pienso que quienes se den cita a este espacio va a ser algo especial, porque no solamente van a escuchar música, sino van a saber de dónde viene. También, para mí, es muy especial el poder comentarles parte de la historia, de canciones, de lugares, de dónde hemos sacado y cómo lo estamos presentando. Entonces, siempre va a ser algo diferente y espero que quienes se asistan salgan de la sala habiendo conocido algo más de Bolivia”.

Quizás allí se encuentre la verdadera importancia de este concierto dentro del Festival Sinfónica Fusión. No solamente en la calidad artística de sus intérpretes ni en la riqueza de los arreglos orquestales. Tampoco en la posibilidad de escuchar repertorios poco frecuentes.

Su valor está en recordar que la música también puede funcionar como una forma de memoria. Una memoria capaz de atravesar generaciones, regiones y diferencias para recordarnos que un país no se construye únicamente con acontecimientos políticos o hechos históricos. También se construye con canciones.

Y pocas agrupaciones han dedicado tanto tiempo a escuchar esas canciones, comprenderlas y devolverlas al presente como Música de Maestros.

Fotos: Música de Maestros.

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