
Una batería, cinco instrumentos de viento y cuerda, el pulso del jazz y el espíritu del tango vuelven a encontrarse esta noche, 16 de septiembre, en La Paz. Escalandrum regresa a la ciudad para presentar Piazzolla 74, una nueva mirada sobre la música de Astor Piazzolla construida desde la experiencia de su nieto, Daniel “Pipi” Piazzolla, y desde el lenguaje propio que el sexteto argentino ha desarrollado durante más de 25 años.
No es la primera vez que sus músicos pisan un escenario paceño. Escalandrum llegó por primera vez en 2019, cuando presentó Piazzolla Plays Piazzolla en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez. En 2021 volvió para celebrar el centenario de Astor con 100 años Piazzolla. Un homenaje a escala mundial, junto a Nicolás Guerschberg, Mariano Sívori, Gustavo Musso, Damián Fogiel y Martín Pantyrer, en el Teatro Illimani del Campo Ferial Chuquiago Marka. Aquellas visitas dejaron una relación especial con el público y con los músicos bolivianos, un vínculo que Daniel recuerda con particular afecto.
Cinco años después, el grupo regresa con otro capítulo de la historia musical de su abuelo. Piazzolla 74 mira hacia un momento fundamental de su trayectoria y recupera dos producciones de aquel año: Libertango y Reunión Cumbre, esta última grabada originalmente junto al saxofonista estadounidense Gerry Mulligan. Para Escalandrum, volver a esas obras significa también revisarlas desde el presente, con la experiencia acumulada por una banda que ha hecho del cruce entre jazz y música argentina una identidad.
Y en el centro de todo está Daniel. El nieto que creció rodeado de esa música, que recibió de Astor su primera batería y que convirtió aquellas experiencias familiares en una manera de entender su propia profesión. Su relación con el compositor no se limita a la admiración por una figura fundamental de la música argentina: detrás de cada interpretación existen recuerdos de infancia, conversaciones familiares y escenas que todavía permanecen en su memoria. “Con el abuelo aprendí que la música no es un chiste”, siempre lo dice.
El sonido de una infancia
Daniel “Pipi” Piazzolla creció en un universo donde la música formaba parte de la vida cotidiana. Los ensayos, los conciertos y los músicos estaban presentes desde sus primeros años y, en 1974, precisamente el año al que vuelve Piazzolla 74, su padre integraba el Octeto Electrónico de Astor Piazzolla. Muchas de las sonoridades que hoy interpreta Escalandrum estuvieron, de alguna manera, alrededor de Daniel durante su infancia.
Fue Astor quien le regaló su primera batería y quien le recomendó acercarse al jazz. Daniel siguió ese camino y encontró en el instrumento una forma propia de expresarse. La batería le permitió desarrollar el ritmo, la improvisación y esa libertad que, de alguna manera, también estaba presente en la búsqueda permanente de su abuelo. Con el paso de los años, aquella recomendación se convirtió en una profesión y finalmente en Escalandrum, el proyecto que Daniel dirige desde hace más de dos décadas.
Entre sus recuerdos más importantes está el concierto que Astor ofreció en el Teatro Colón en 1983. Daniel tenía 11 años y asistió junto a su abuelo. En el programa de mano quedó escrita una dedicatoria que conserva como uno de sus recuerdos más preciados:
“Danielito, querido nietito, no te olvides nunca la noche en la que tu abuelo triunfó. Estudia mucho, sé feliz”.
La frase quedó como una pequeña herencia familiar y adquiere otro peso al mirar la trayectoria que Daniel construiría después. El niño que escuchaba a su abuelo terminó dedicando su vida a la música y formando un sexteto que encontró su propia manera de acercarse a aquel legado.
El hombre que decidió cambiar el tango
Para comprender a Piazzolla es necesario detenerse en su permanente necesidad de búsqueda. Nacido en Argentina y criado en Nueva York, recibió una formación musical que le permitió moverse entre diferentes lenguajes. Aprendió el bandoneón, estudió música clásica y, a los 19 años, ingresó a la orquesta de Aníbal Troilo. Aquella experiencia con una de las grandes orquestas del tango sería fundamental para su formación, pero no significaría el punto final de su recorrido.
Piazzolla quería ampliar las posibilidades del género. Incorporó nuevas instrumentaciones, exploró la guitarra eléctrica y la batería, se acercó al jazz y a la música académica y creó formaciones que rompían con la estructura tradicional del tango. El Octeto Electrónico fue uno de los ejemplos más claros de esa búsqueda. Las transformaciones provocaron una fuerte reacción entre los sectores más conservadores, que llegaron a acusarlo de estar destruyendo el tango.
Su respuesta fue continuar avanzando. Piazzolla entendía la tradición como un punto de partida y no como un límite. Con el tiempo, esa música que había generado tanta controversia comenzó a ser escuchada fuera de Argentina y terminó convirtiéndose en una de las expresiones musicales latinoamericanas con mayor proyección internacional.
Escalandrum y el “jazz con color argentino”
Daniel tomó esa actitud de búsqueda como una referencia, pero nunca intentó convertirse en una réplica de su abuelo. Escalandrum nació en 1999, inicialmente con una fuerte relación con el jazz y el Latin Jazz. Después de la crisis económica argentina de 2001, sus integrantes decidieron mirar con mayor atención hacia su propia identidad y preguntarse qué podía aportar una banda argentina a ese lenguaje.
De esa búsqueda surgió una definición que todavía acompaña al grupo: “jazz con color argentino”. La frase resume una manera de trabajar en la que las raíces locales conviven con la improvisación y las estructuras del jazz. El sexteto comenzó así a construir una voz propia, una tarea que se ha mantenido durante más de 25 años y que explica una trayectoria de 15 discos y numerosos escenarios internacionales.
La discografía del grupo no se limita a Piazzolla. Escalandrum también ha trabajado sobre composiciones de Mozart y Ginastera, canciones de María Elena Walsh y diferentes proyectos junto a otros artistas, entre ellos la cantante Elena Roger. La experiencia internacional incluyó además una grabación en los estudios Abbey Road de Londres, donde registraron composiciones propias y obras de Piazzolla como Suite Troileana y Adiós Nonino.
Volver a 1974
Piazzolla 74 vuelve a un año particularmente fértil en la carrera de Astor Piazzolla. 1974 fue el año de Libertango y Reunión Cumbre, dos trabajos que marcaron una etapa de expansión internacional y de búsqueda permanente para el compositor. Libertango, convertido con el paso del tiempo en una de las piezas más reconocibles de su repertorio, sintetiza esa voluntad de romper fronteras, mientras que Reunión Cumbre, grabado junto al saxofonista estadounidense Gerry Mulligan, llevó el diálogo entre el tango y el jazz a un terreno especialmente singular.
Pero el universo de aquel período fue mucho más amplio. En esa etapa también aparecen piezas fundamentales como “Suite Troileana”, dedicada a Aníbal Troilo, y “Primavera Porteña”, una de las obras que forman parte de Las cuatro estaciones porteñas. Son composiciones que muestran distintas facetas de Piazzolla: la fuerza rítmica, la melancolía, la experimentación y esa tensión permanente entre tradición y modernidad que atravesó toda su carrera.
El repertorio permite además volver sobre otras piezas que quedaron asociadas a aquel universo sonoro, entre ellas Milonga en Re y Whisky. En cada una se reconoce al compositor que estaba llevando el tango hacia territorios que todavía no habían sido explorados de esa manera.
La propuesta de Escalandrum toma precisamente ese material para revisarlo desde el presente. No se trata de reproducir aquellas grabaciones tal como fueron concebidas hace más de medio siglo, sino de volver a entrar en ellas con otra formación, otra sensibilidad y la experiencia de músicos que llevan décadas trabajando entre el jazz, el tango y la improvisación.
Piazzolla 74 fue presentado en el Teatro Colón de Buenos Aires y posteriormente registrado para su lanzamiento físico y digital. Para Daniel, regresar a ese repertorio supone también regresar a una época que forma parte de su propia biografía. Su padre integraba entonces el Octeto Electrónico de Astor, por lo que aquel período pertenece también a su memoria familiar.
Una herencia que sigue en movimiento
Astor Piazzolla murió en 1992, pero su música continúa viajando. Sus composiciones siguen siendo interpretadas por músicos de diferentes generaciones y en contextos muy distintos a aquellos en los que fueron creadas. Daniel ocupa dentro de ese proceso una posición singular. Es nieto, pero también músico; conoce las historias familiares, pero también las exigencias del escenario. Puede acercarse a una composición desde el recuerdo de quien la escuchó en su infancia y, al mismo tiempo, desde la experiencia de quien lleva una vida entera trabajando con el jazz y la improvisación.
Por eso el regreso de Escalandrum a La Paz no es solamente una nueva presentación de una banda argentina. Es la oportunidad de escuchar cómo una generación posterior continúa conversando con uno de los grandes nombres de la música del siglo XX.
Esta noche, Piazzolla 74 llevará nuevamente al escenario Libertango, Reunión Cumbre, Suite Troileana, Primavera Porteña y otras piezas que pertenecen a ese universo que Astor comenzó a transformar hace décadas. El bandoneón de Piazzolla ya no está físicamente allí, pero su música encuentra otras manos, otros instrumentos y otras formas de respirar. Entre ellas está la batería de su nieto. Informaciones: https://todotix.com/ticket/piazzollalapaz

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