
Tras obtener el Premio Archiletras 2026 en la categoría Publicación del Año, la investigadora y filóloga visita Bolivia para dictar dos seminarios. Su mayor satisfacción, asegura, es que el reconocimiento haya despertado nuevos lectores para una tradición literaria que, afirma, comenzó mucho antes de la República.
Hace apenas unas semanas, en España, Tatiana Alvarado recibió el Premio Archiletras de la Lengua 2026 por Cuatro siglos de literatura en Bolivia en el horizonte del Bicentenario Republicano (1825-2025). Ahora, la investigadora y filóloga llegó a Bolivia para desarrollar una agenda académica que incluye dos seminarios especializados en la carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés, además de encuentros en torno a una publicación que ha despertado un renovado interés por la historia literaria del país.
El reconocimiento internacional distingue una obra colectiva que reúne investigaciones de especialistas de distintos países y que propone una lectura amplia de la tradición literaria boliviana, incorporando textos producidos antes de la fundación de la República. Para Alvarado, ese fue precisamente uno de los elementos que hicieron del libro una propuesta singular.
Escucha la entrevista en Radio París La Paz
Una historia que comienza antes de 1825
Aunque el título hace referencia al Bicentenario de Bolivia, el volumen propone mirar mucho más atrás. La investigadora sostiene que la literatura boliviana no puede entenderse únicamente desde el nacimiento de la República y que era necesario recuperar siglos de producción intelectual desarrollada en el territorio de Charcas.
Señala en Radio París La Paz: «La literatura boliviana no nace desde el día en que se fundó Bolivia; no aparece de un día para otro. Había que mirar hacia atrás, y eso se viene haciendo desde hace muchos años. Durante décadas hubo mucho interés por la historia de Charcas, pero no sucedía lo mismo con la literatura. Gracias al trabajo de investigadores como Andrés Eichmann se ha avanzado muchísimo y era hora de hacer algo así, porque Bolivia no es un caso aislado. Homero nunca conoció un lugar llamado Grecia y, sin embargo, es parte fundamental de la literatura griega. Lo mismo ocurre con el Cantar de Mio Cid, escrito cuando España ni siquiera existía como hoy la conocemos. Era importante dar cuenta de esa literatura previa a la fundación de la República, en un espacio geográfico que era el mismo, aunque distinto de alguna manera».

Una conversación entre Bolivia y el mundo
Uno de los mayores aportes de Cuatro siglos de literatura en Bolivia es que reúne investigadores de distintos países para pensar la literatura boliviana desde perspectivas diversas. Lejos de verlo como una limitación, Tatiana Alvarado sostiene que esa pluralidad enriquece la comprensión del patrimonio literario nacional y demuestra que el interés por Bolivia trasciende sus fronteras.
«Quise insistir desde el principio en que se hiciera evidente que el interés por la literatura boliviana no está única y exclusivamente en Bolivia. Pensar que solo los bolivianos se interesan por lo boliviano es un absurdo. Hay muchos bolivianos que no se interesan por ello y muchos extranjeros, dentro o fuera del país, que sí lo hacen. El hecho de que hubiese gente desde otros lugares, que tuviera una perspectiva distinta y mirara desde otro lugar la literatura boliviana, me parecía interesante e importante. Porque el libro reúne escuelas muy distintas; uno puede estar o no de acuerdo con alguna de ellas, pero lo cierto es que existen y enriquecen la discusión.»
Esa diversidad se refleja en cada capítulo del volumen. Alvarado explica que la obra comienza con el trabajo de Andrés Eichmann, dedicado a la literatura de Charcas, seguido por el historiador y escritor peruano Fernando Iwasaki, quien aporta una mirada sobre Manuela Gorriti. El español Carlos Mata Induráin analiza la presencia e influencia de Cervantes en la poesía escrita en Bolivia, mientras que Alba María Paz Soldán vuelve sobre la obra de Adela Zamudio. Más adelante, Cristina Fangmann y Alfredo Grieco y Bavio establecen un diálogo entre la literatura argentina y boliviana durante el peronismo y el MNR; María José Daona reconstruye las relaciones entre Rodolfo Walsh, Marcelo Quiroga Santa Cruz y Luis Espinal con las mujeres que acompañaron sus luchas; Teodosio Fernández estudia la evolución de la poesía de Pedro Shimose; Ana Rebeca Prada revisa los principales debates de la crítica literaria boliviana y el trabajo de los llamados «rescatiris»; mientras que Diego Valverde y Gabriel Chávez Casazola aportan ensayos sobre la poesía de Jaime Sáenz y Eduardo Mitre. El libro concluye con un texto testimonial del poeta chileno Pedro Lastra, quien recuerda cómo descubrió la literatura boliviana desde Chile, y con cuatro poemas inéditos más que valiosos de Eduardo Mitre.

«La literatura es un tejido que no conoce fronteras»
Para explicar por qué especialistas extranjeros han dedicado años de investigación a la literatura boliviana, Alvarado rechaza la idea de una fascinación exótica. Habla, más bien, de la calidad de las obras y de los múltiples diálogos que existen entre las tradiciones literarias.
Explica: «No hablaría de una fascinación particular, sino de un verdadero interés. Se han detenido en una literatura en la que muchas veces ni nosotros mismos nos detenemos. Carlos Mata, por ejemplo, llega a Bolivia estudiando a Cervantes; es ese diálogo el que termina conduciéndolo hacia nuestra literatura. La literatura es un tejido que no conoce fronteras. Si alguien ha leído a Dostoyevski y esa lectura influye en otro escritor, esa literatura no se convierte en rusa por ese motivo. Lo importante es que existe algo en la literatura boliviana que conquista a esos investigadores. No es por ser boliviana; es por su calidad».
El premio como punto de partida
Aunque el Premio Archiletras multiplicó la visibilidad del libro, Alvarado reconoce que lo vivió con cierta sorpresa. Acostumbrada al trabajo académico, admite que no esperaba la repercusión que alcanzó el reconocimiento.
«Yo suelo trabajar de otra manera. No estoy en redes sociales, no soy de las personas que se sacan una selfie cuando van a un congreso o publican un libro. Entonces, para mí fue muy curioso ver cómo el premio empezó a moverse por espacios que desconozco. Todos se alegraban; era como si hubieran ganado un partido de fútbol. Lo que más satisfacción me produjo fue saber que se reconocía un trabajo común, silencioso, sin alardes. Trabajar con calma y en silencio no significa trabajar en el anonimato, y eso lo hemos podido constatar.»
Más allá del reconocimiento, dice que hubo una reacción que la emocionó especialmente. «Una de las preguntas que empezó a aparecer fue: ‘¿Dónde puedo comprar el libro?’. Eso me parecía magnífico. Lo único que espero es que este premio sea una razón para que la gente lea más. Me alegro mucho por los nuevos lectores que puedan surgir gracias a este reconocimiento».
Volver para enseñar
La visita de Tatiana Alvarado a Bolivia también estará marcada por una intensa agenda académica. En la carrera de Literatura de la Universidad Mayor de San Andrés impartirá dos seminarios que reflejan las líneas de investigación que ha desarrollado durante los últimos años. El primero, de un mes de duración, lleva por título Tradición, traducción y creación poética y toma como eje la primera edición crítica del Parnaso Antártico de obras amatorias de Diego Mexía de Fernangil, un poeta y librero sevillano que vivió entre Lima y Potosí. A partir de esta obra, Alvarado propone explorar cómo la tradición clásica atraviesa la traducción y cómo ese proceso termina convirtiéndose también en creación literaria. «La idea de este seminario es ver en qué medida la tradición clásica pasa por la traducción, porque en general no leemos a Ovidio en latín, y cómo esa traducción también pasa por la creación poética. En el caso de Mejía hay mucho de eso, muchos añadidos del propio autor, y lo más interesante es que esa traducción se recupera en el siglo XVIII y sigue reeditándose hasta el siglo XXI», explica.
El segundo curso, de carácter intensivo, estará dedicado a Antígona, uno de los personajes más estudiados y reinterpretados de la literatura universal. A través de un recorrido por distintas lecturas críticas desarrolladas desde la segunda mitad del siglo XX, la investigadora pondrá en diálogo versiones procedentes de España, Palestina y el pensamiento del filósofo Slavoj Žižek, con el propósito de mostrar cómo un texto clásico continúa dialogando con los conflictos contemporáneos. «La idea es hablar de cómo se ha estudiado Antígona desde 1960, cuando comenzó una fuerte concentración de estudios sobre este personaje, y poner en diálogo distintas obras para comprender la actualidad de una figura que tiene muchos miles de años. Seguramente los participantes conocerán otras Antígonas, quizá latinoamericanas, y justamente se trata de hacer conversar todas esas miradas», señala Alvarado, convencida de que los clásicos siguen siendo una herramienta para comprender el presente.
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Más que un reconocimiento internacional, la llegada de Tatiana Alvarado a Bolivia representa la oportunidad de abrir una conversación sobre el lugar que ocupa la literatura boliviana dentro del panorama hispánico. El Premio Archiletras puso el foco en una investigación colectiva que recupera cuatro siglos de escritura y pensamiento; su visita, en cambio, permite que ese trabajo salga de las bibliotecas y los congresos para encontrarse con estudiantes, docentes y lectores. Alvarado deja una invitación clara: volver a leer la literatura boliviana con una mirada más amplia, crítica y libre de fronteras.
Podemos encontrar el libro en la Editorial 3600 en Bolivia y Editorial Renacimiento en España.
Fotos: archivo Tatiana Alvarado.

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