
La Feria Internacional del Libro de La Paz celebra 30 años convertida en el principal encuentro literario y cultural de Bolivia. Del 29 de julio al 9 de agosto reunirá a más de 30 escritores de 19 países, homenajeará a instituciones emblemáticas de la cultura boliviana y volverá a demostrar que un libro puede ser el comienzo de una conversación que atraviesa generaciones.
Dentro de unas semanas, La Paz volverá a cambiar de ritmo. Los pasillos del Campo Ferial Chuquiago Marka dejarán de ser solo un espacio de exposición para convertirse en un punto de encuentro donde convivirán lectores, escritores, editores, ilustradores, investigadores, cineastas y familias enteras. Durante doce días, miles de personas caminarán entre estanterías, descubrirán nuevos autores, asistirán a conversaciones, buscarán una firma o simplemente volverán a confirmar que todavía existen lugares donde las ideas pueden encontrarse cara a cara.
La Feria Internacional del Libro de La Paz llega este año a su trigésima edición convertida en el principal encuentro literario y cultural de Bolivia. Lo que comenzó como una iniciativa del sector editorial terminó consolidándose como una de las citas culturales más importantes del país y un referente dentro del circuito latinoamericano de ferias del libro. Si en su primera edición recibió cerca de diez mil visitantes, hoy supera los cien mil y congrega a cientos de actividades que trascienden el universo editorial para dialogar con el cine, la música, el patrimonio, la historia y las artes.
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Antes de la feria que hoy conocemos
Aunque la Feria Internacional del Libro de La Paz celebra este año tres décadas de existencia, su historia comenzó mucho antes. Sus raíces se remontan a 1945, cuando nació la Cámara Boliviana del Libro con el propósito de fortalecer el sector editorial y acercar los libros a la población. Durante décadas organizó distintas ferias que fueron preparando el camino para lo que, en 1996, se convertiría en la primera edición de un encuentro con vocación internacional.
«La historia de la feria no empieza hace treinta años. La Cámara Boliviana del Libro llevaba décadas organizando distintas ferias porque ser librero también significaba ser feriante, salir a buscar lectores y acercar los libros a la gente». Carlos Ostermann, presidente de la Cámara Departamental del Libro de La Paz, recuerda aquellos años como una etapa de aprendizaje que permitió imaginar una feria distinta, donde la venta de libros estuviera acompañada por un programa cultural capaz de reunir a escritores, artistas y lectores.
El éxito de aquella primera experiencia fue inmediato. Coincidió, además, con un momento en que Bolivia comenzaba a vivir un proceso de descentralización que impulsó el nacimiento de nuevas ferias en otros departamentos. La Paz había demostrado que un evento literario podía convertirse también en un acontecimiento para toda la ciudad.
La apuesta por el libro legal
Sin embargo, el origen de la feria también estuvo marcado por una decisión que hoy pocos recuerdan.
A mediados de la década de 1990, la principal feria del libro que funcionaba en la ciudad convivía con la comercialización de publicaciones piratas. Mientras el debate sobre los derechos de autor comenzaba a cobrar fuerza, varios libreros decidieron que era imposible compartir un mismo espacio con material ilegal.
«Había libros legales junto a libros piratas y eso era algo que no podíamos aceptar. Se realizó un operativo y se comprobó que gran parte del material era ilegal. Fue entonces cuando entendimos que era necesario construir otra feria. Desde el principio se definió que debía tener un programa cultural sólido y una proyección internacional. Durante doce días, el protagonista tenía que ser el libro legal».
Aquella decisión redefinió el sentido mismo de la feria. Ya no se trataba únicamente de vender libros. Se trataba de convertir la lectura en una experiencia cultural, donde las presentaciones editoriales convivieran con conferencias, debates, conciertos, exposiciones y encuentros con autores.
Tres décadas después, ese espíritu continúa guiando el evento.
El día en que Quino llegó a La Paz
Las cifras ayudan a explicar el crecimiento de la feria, pero son las historias las que revelan su verdadera dimensión.
Carlos Ostermann todavía recuerda las largas filas de lectores que esperaban durante horas para conocer a Quino.
«Recuerdo las filas interminables para conseguir la firma de Quino. Eran vueltas y vueltas alrededor del recinto. La gente esperaba durante horas con sus libros en las manos y él firmaba uno tras otro, completamente sobrepasado por la cantidad de lectores que querían conocerlo».
Aquella escena marcó un antes y un después. Confirmó que la feria ya no era únicamente un espacio comercial, sino un lugar donde los lectores podían encontrarse con quienes habían dado vida a personajes e historias que formaban parte de su propia memoria.
Con el paso de los años llegaron Laura Esquivel, Paco Ignacio Taibo II, Sergio Ramírez y decenas de autores que consolidaron el prestigio internacional de la Feria Internacional del Libro de La Paz. Cada edición fue ampliando su programación y fortaleciendo su vocación como espacio de intercambio cultural.
Mucho más que un encuentro editorial
Cuando se le pregunta por qué la feria continúa creciendo después de treinta años, Ostermann evita hablar de estadísticas.
«La gente espera que llegue la feria».
La frase resume la transformación de un evento que dejó de pertenecer únicamente al sector editorial para convertirse en una tradición compartida por miles de familias bolivianas.
«La feria es un momento de distensión, de mirar al país con mayor respeto y con mayor esperanza. Estamos promoviendo ideas, reuniéndonos alrededor de lo que piensa un autor, de una novela, de un ensayo. Es un momento de diálogo y también de mirarnos a nosotros mismos».
Su reflexión va todavía más lejos cuando habla del papel de la literatura. «Yo sostengo que los grandes cambios sociales que hubo en Bolivia también se pueden leer en la literatura. Raza de Bronce hizo temblar a la sociedad de su tiempo porque denunció realidades que hasta entonces muchos preferían no mirar. Los libros también construyen país».
Para Ostermann, el gran desafío de las próximas décadas será devolverle al libro un lugar privilegiado dentro del tiempo libre.
«No basta con saber leer. También debemos aprender a disfrutar nuestro tiempo libre con un buen libro».
Treinta años mirando al futuro

La edición 2026 será también una celebración de los vínculos culturales que trascienden las fronteras. Perú llegará como País Invitado de Honor, en el marco del bicentenario de las relaciones diplomáticas entre ambos países, acompañado por una nutrida delegación de escritores, investigadores e intelectuales, entre ellos Willy del Pozo, Pedro Cateriano, Isaac León Frías, Natalia Sobrevilla, Andrés Ugaz y Róger Rumrrill. La programación incluirá homenajes a Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique, Blanca Varela y al historiador Heraclio Bonilla, además de una exposición dedicada al célebre fotógrafo peruano Martín Chambi y una propuesta cultural de Iquitos centrada en la historia de la goma.
La feria también reunirá a más de 30 escritores de 19 países, entre ellos el mexicano Guillermo Arriaga, autor de Salvar el fuego y guionista de películas como Amores perros, 21 gramos y Babel; la estadounidense Gisela Heffes; el uruguayo Eduardo Gudynas; el francés Bruno Patino; la sueca Asa Lind y la chilena Sol Díaz, además de una destacada representación de autores bolivianos como Giovanna Rivero, Liliana Colanzi, Edmundo Paz Soldán, Maximiliano Barrientos, Juan Claudio Lechín, Diego Mattos, Valeria Sandi y Gabriel Casazola.
Uno de los homenajes más significativos estará dedicado a la Cinemateca Boliviana, que este año celebra medio siglo de trabajo preservando la memoria audiovisual del país. Ese aniversario encontrará un eco natural en la presencia de Guillermo Arriaga, cuya trayectoria ha tendido puentes entre la literatura y el cine, recordando que muchas de las grandes historias encuentran nuevas formas de vida cuando pasan de las páginas a la pantalla.
La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, que cumple 30 años de labor en la preservación y difusión del patrimonio, será la Institución Invitada de Honor, mientras que Laboratorios Bagó de Bolivia recibirá el reconocimiento como Empresa Invitada de Honor por su aporte sostenido al desarrollo cultural.
Del 29 de julio al 9 de agosto, el Campo Ferial Chuquiago Marka volverá a convertirse en un territorio donde las historias cruzarán fronteras y dialogarán con otras artes. Habrá literatura, cine, patrimonio, historia, ilustración, música, actividades para niñas y niños, encuentros con autores y cientos de razones para recorrer una feria que, tres décadas después de su nacimiento, sigue demostrando que los libros no solo se leen: también se comparten, se conversan y, a veces, cambian la manera en que una sociedad se mira a sí misma.
LISTA OFICIAL DE ESCRITORES INVITADOS POR PAÍSES:
Estados Unidos:
• Gisela Heffes, escritora, ensayista e investigadora.
• Linda Farthing, periodista y escritora.
• Thomas Becker, historiador e investigador.
México:
• Guillermo Arriaga, novelista, guionista y cineasta.
• Amaury Colmenares, escritor y editor.
• Chary Gumeta, poeta y promotora cultural.
Suiza:
• Max Jeann, escritor y traductor.
• Alessandra Respini, historiadora del arte y curadora.
Chile:
• Alejandra Hurtado, escritora y editora.
• Sol Díaz, ilustradora, historietista y autora de literatura infantil y juvenil.
Palestina:
• Ali Al Ameri, poeta, escritor y gestor cultural.
Uruguay:
• Eduardo Espina, poeta, ensayista y crítico literario.
• Eduardo Gudynas, investigador y ensayista.
• Ruperto Long, novelista.
Colombia:
• Felipe Núñez, escritor.
• Carlos Merchán, escritor y periodista.
Ecuador:
• Juan Martín Cueva, cineasta, escritor y gestor cultural.
• Erika Bedón, escritora y editora.
Perú:
• Willy del Pozo, escritor y editor.
• Pedro Cateriano, ensayista y abogado.
• Isaac León Frías, crítico de cine y ensayista.
• Natalia Sobrevilla, historiadora y escritora.
• Andrés Ugaz, escritor y editor.
• Róger Rumrrill, periodista y ensayista.
• Sara Viera, poeta y narradora.
España:
• Rosario Jiménez, escritora.
• Marc Caellas, escritor, dramaturgo y gestor cultural.
Francia:
• Bruno Patiño, periodista y ensayista.
• Manuel A. Picq, periodista, académico y ensayista.
Suecia:
• Åsa Lind, escritora de literatura infantil y juvenil.
Panamá:
• Wendy Tribaldos, historiadora, museóloga y escritora.
Polonia:
• Marta Eloy Cichocka, poeta, traductora y ensayista.
Inglaterra:
• Olivia Arigho-Stiles, escritora y periodista.
• Andrew Canessa, antropólogo y escritor.
Italia:
• Alis Isepp, escritora e investigadora.
• Simone Ferrari, editor e investigador.
Brasil:
• Erik Gonçalo Rubem, escritor y editor.
Camerún/Alemania:
• Gilbert Shang Ndi, escritor, investigador y académico.
Bolivia:
• Giovanna Rivero, cuentista y novelista.
• Maximiliano Barrientos, cuentista y novelista.
• Juan Claudio Lechín, novelista, poeta y ensayista.
• Diego Mattos, cuentista y novelista.
• Liliana Colanzi, cuentista y ensayista.
• Edmundo Paz Soldán, novelista, cuentista y ensayista.
• Valeria Sandi, poeta y narradora.
• Gabriel Casazola, poeta, narrador y periodista.
La ilustración del afiche estuvo a cargo de Frank Arbelo y el diseño, a cargo de Susana Machicado.


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