¿QUÉ MISTERIOS HAY EN EL CUBO DE CRISTAL DEL TELEFÉRICO ROJO?

En la Zona Norte del centro paceño, donde el constante ir y venir de los pasajeros de Mi Teleférico Rojo dictan el ritmo del día, existe un espacio donde el tiempo parece transcurrir de otra manera. Allí, en la Estación Central, un cubo de cristal de 6 metros de altura resguarda una promesa de vida. Y cada día, sin falta, una mujer se aproxima a esta estructura no como una espectadora, sino como quien acude a un santuario o a un jardín secreto que depende enteramente de ella.

Se trata de Verónica López, artista y productora, que ha convertido su obra «Todavía» en un compromiso vital. No es una pieza terminada que se abandona a la mirada del público; es una enredadera de hiedras que respira, crece y, sobre todo, exige su presencia.

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El ritual del cuidado

La imagen de Verónica entrando al cubo es ya parte del paisaje urbano. «Mi idea es ir a diario o casi a diario al cubo para cambiarles el agua, ver que estén bien, cuidar cómo está el riego», confiesa la artista. Lo que para muchos es una instalación artística, para ella es un sistema vivo que requiere una atención casi maternal. A las plantas que trepan por la estructura metálica las llama cariñosamente «sus chicas», y su bienestar es su prioridad absoluta.

El desafío técnico es monumental. El sol del altiplano, conocido por su intensidad, se encuentra con las paredes transparentes del cubo, creando un fenómeno peligroso. «Ese cubo está expuesto al sol altiplánico y es muy agresivo… al ser un cubo de cristal lo vuelve una lupa», explica Verónica. Ante este riesgo, la artista se ha transformado en una suerte de ingeniera climática, encargada de dotar de sombra y humedad a un ecosistema que, de otro modo, sucumbiría al calor.

Para lograrlo, ha recurrido a métodos que mezclan la ciencia con la artesanía. Ha instalado irrigadoras de cerámica hechas a mano, una técnica inspirada en tradiciones centroamericanas donde la porosidad del material permite que el agua «contagie» la humedad a la tierra de forma constante. Además, utiliza botellas PET cortadas estratégicamente para que el vapor generado por el calor humedezca el ambiente. Es un ejercicio de «constante creatividad» para evitar que el sol mate lo que ella intenta hacer florecer.

De dónde viene la idea

La semilla de «Todavía» no se plantó en un estudio, sino en la selva.  Verónica recuerda haber visto, hace años, un tanque militar abandonado, una máquina diseñada para la guerra que estaba siendo invadida por el entorno. «Me encontré con un tanque militar que estaba siendo comido por la hiedra y por los musgos… el metal se estaba deshaciendo y me pareció una imagen muy linda y conmovedora de cómo la naturaleza le va a ganar siempre a estos objetos que creamos los seres humanos, que al final son destrucción», relata conmovida.

Esa imagen cobró una urgencia nueva en los últimos tiempos, ante un panorama mundial marcado por conflictos bélicos y noticias desalentadoras. Verónica sintió la necesidad de usar el arte no solo como placer, sino como un medio para canalizar esa «pena» profunda. «Las bombas son para mí como el más alto nivel de destrucción que tenemos como humanos», dice.

Su respuesta a esa destrucción es la escultura metálica central de la obra, que «evoca una explosión», pero con un giro poético: en lugar de metralla y muerte, del centro de este estallido emana vida. Es un revés que expande vegetación.

Cabe destacar que la ejecución de esta pieza fue posible gracias al respaldo de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, tras haber resultado ganadora en la convocatoria de fomento artístico impulsada por el Centro de la Revolución Cultural para promover la producción de arte.

Una creación del metal y la hiedra

Verónica no busca el control absoluto sobre su obra. Define el proceso como una «co-creación entre la naturaleza y yo». Aunque ella ha dispuesto guías metálicas para orientar el crecimiento de las hiedras hacia las aristas superiores del cubo, reconoce que las plantas tienen su propia voluntad. «Ellas van a ver su propia facilidad de crecimiento… en el proceso vamos a ver cómo ellas van a ir también evolucionando», afirma.

Y para ir más allá del arte, se asesoró con biólogos, agrónomos y, especialmente, con las trabajadoras del Vivero Municipal en Aranjuez, a quienes considera sus principales aliadas. La obra, por tanto, es un tejido de saberes.

Las vías de la artista

El camino de Verónica hacia este cubo de cristal ha sido una evolución constante. Inicialmente formada en economía, desarrolló una pasión por la gestión de proyectos que más tarde aplicó al arte. «Me empezó a encantar la forma en la que con mis habilidades de proyectos podía hacer que sus proyectos artísticos tengan mejor horizonte», comenta sobre sus inicios como productora de otros artistas donde destacan Alex Aillón y Vero Pérez.

Sin embargo, la necesidad de formalizar su propia visión la llevó a estudiar Artes Plásticas. «Si quería ponerme seria en la producción artística, tenía que entender de composición, luces, muchísimos aspectos estéticos», explica. Fue en la universidad donde descubrió que su lenguaje no era el del lienzo tradicional, sino el de la instalación, un formato que le permite intervenir el espacio y jugar con la experiencia del espectador.

Los mensajes de su Todavía

El nombre de la obra encierra la filosofía de Verónica. Por un lado, es una referencia técnica a las «vías» metálicas que guían a las hiedras. Por otro, es una declaración de fe. Subraya: «Todavía la naturaleza va a sobrevivir». Es un recordatorio de que, a pesar de la modernidad y la tecnología, nuestra conexión con lo orgánico persiste.

Además de ira visitar esta instalación, podemos seguir de cerca la evolución y el crecimiento de la instalación, ya que Verónica López documenta todo el proceso en la cuenta de Instagram bajo el nombre «Living Cube Project». En este espacio digital, la artista comparte el registro detallado que realiza semana tras semana a través de fotografías y dibujos en cuadernos especializados, capturando la metamorfosis de las plantas dentro del cubo. Estos registros no solo sirven para mostrar el avance actual en las redes sociales, sino que son la base para un futuro proyecto que incluye una exposición de sus cuadernos y la creación de un pequeño film que mostrará la transformación completa de la obra a lo largo del año.

Fotos: Verónica López

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