
Nos hemos convertido en una ciudad extraña. La Plaza Murillo amanece rodeada de policías, las marchas alteran los recorridos habituales, petardos, gasificaciones y el centro histórico se ha acostumbrado a vivir bajo la lógica de los perímetros de seguridad. En ese paisaje donde el conflicto ocupa las principales noticias, hay museos que resisten con una terquedad casi silenciosa. Uno de ellas es el MNA, Museo Nacional de Arte.
El museo se encuentra exactamente en la esquina donde hoy no se puede circular. Está a pocos pasos del centro político del país y, precisamente por eso, se ha convertido en una víctima colateral de una crisis que no generó.
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«Vamos más de veinte días con pérdidas de ingresos por visitas», explicó hace unos días Aida Rada, directora del Museo Nacional de Arte. Ya pasaron 40 días. «Estamos en el ojo de la tormenta porque realmente la ubicación del museo no nos ayuda para nada». Durante décadas, estar junto a la Plaza Murillo fue una ventaja simbólica. Hoy representa una dificultad operativa. Los cordones policiales instalados para proteger el centro político terminan aislando también a uno de los espacios culturales más importantes del país. «El primer cordón policial evita que la gente pueda acceder al museo», señala Rada. «Y cuando las cosas se ponen complicadas, con dinamitazos o gasificaciones, el personal también se pone en riesgo».
Sin embargo, el museo sigue abriendo sus puertas. A veces con horarios modificados, a veces esperando que disminuya la tensión de las calles. El museo resiste y abre cuando parece más sencillo cerrar. Lo curioso es que esta resistencia no llega de la mano de una exposición cualquiera. En medio de bloqueos, cordones policiales y pérdidas económicas, el Museo Nacional de Arte recibió a uno de los nombres fundamentales de la fotografía latinoamericana: Martín Chambi.
Hay algo profundamente simbólico en esta coincidencia. Mientras las calles parecen fragmentadas por la coyuntura, llega a La Paz un artista que dedicó su vida a retratar aquello que une a los Andes más allá de las fronteras nacionales. Chambi, fotógrafo peruano de origen quechua, no fue solamente un maestro de la técnica. Fue también un intérprete de una identidad compartida que atraviesa montañas, idiomas y memorias colectivas.
La exposición, titulada Chambi en Bolivia, nace de una cuidadosa selección realizada entre las más de cuatro mil placas que conserva la Asociación Martín Chambi en el Cusco. El proyecto no busca únicamente mostrar fotografías bellas, aunque las hay en abundancia. Su verdadero interés radica en reconstruir los vínculos que el fotógrafo estableció con Bolivia y con una generación de artistas e intelectuales que, durante las primeras décadas del siglo XX, entendían la cultura andina como un territorio común.

«Es una sorpresa, una alegría y sobre todo un desbordante entusiasmo», afirma Marcelo Maldonado, director de Museos del MNA. La muestra nace de una investigación realizada sobre las más de cuatro mil placas fotográficas que conserva la Asociación Martín Chambi en Cusco. El resultado es una selección que busca reconstruir los vínculos del artista peruano con Bolivia.
«Se ha hecho un estudio de archivo para construir los vínculos del fotógrafo más importante del Perú con nuestro país», explica Maldonado. Las fotografías seleccionadas muestran mucho más que paisajes o retratos. Revelan una red de relaciones culturales que unía a Bolivia y Perú mucho antes de que las políticas culturales comenzaran a hablar de integración regional.
Maldonado habla de Chambi con admiración, aunque procura alejarse de los lugares comunes. «Muchas veces se habla de Chambi solamente desde la técnica fotográfica, pero eso sería insuficiente. Estamos frente a una figura mucho más compleja. Era fotógrafo, sí, pero también era un personaje profundamente integrado a la vida cultural de su época. Era bohemio, era un hombre de tertulias, de amistades, de encuentros. Eso también aparece en las fotografías».
Además de la exposición tendremos la visita de Roberto Chambi, nieto y uno de los principales custodios del legado de Martín Chambi, añadiendo una dimensión especial a esta exposición. Su presencia en La Paz no solo permitirá acompañar la inauguración oficial de la muestra, sino también acercar al público a las historias familiares, los archivos y las memorias que rodean al célebre fotógrafo peruano. «Es emocionante porque Roberto no solamente trae una mirada especializada sobre la obra de su abuelo, sino también una conexión directa con la historia detrás de las fotografías», señala Marcelo Maldonado. Su visita incluirá encuentros con el público y actividades en el marco del programa Paralarte, convirtiendo la exposición en una oportunidad única para dialogar con uno de los herederos más cercanos de una de las figuras fundamentales de la fotografía latinoamericana.
Las imágenes revelan encuentros que hoy parecen improbables. En ellas aparecen figuras fundamentales de la historia cultural boliviana compartiendo espacios con artistas peruanos. Se observa a Cecilio Guzmán de Rojas, Marina Núñez del Prado, Yolanda Bedregal y otros nombres esenciales del arte nacional. A veces aparecen solemnes, posando para una fotografía oficial. Otras veces están en fiestas, reuniones y celebraciones donde desaparecen los protocolos y emerge la dimensión más humana de la creación artística.
Antes de que los discursos académicos descubrieran la importancia de las identidades indígenas, Chambi ya había construido una mirada donde los habitantes del mundo andino ocupaban el centro de la imagen. La exposición recupera además la mirada que Chambi desarrolló sobre el universo indígena andino.
Maldonado nos explica: «Hay una secuencia extraordinaria de fotografías donde aparecen productores de papa, hilanderas, músicos, comerciantes, habitantes de las chicherías. Chambi tenía una ventaja que muy pocos fotógrafos de su tiempo poseían: él pertenecía a ese mundo. No lo observaba desde afuera. No estaba retratando una realidad ajena. Estaba fotografiando un universo que era el suyo. Y eso cambia completamente la manera en que se construye una imagen.»
Entre las fotografías que llegan a La Paz figuran algunas de las más reconocidas de su trayectoria. Está el célebre retrato de Juan de la Cruz, conocido como el Gigante del Cusco.

La muestra también permite descubrir las fotografías de nuestros lugares. Las visitas de Chambi al país dejaron registros fascinantes de la ciudad de La Paz. El Prado, la avenida Montes, antiguas calles del centro histórico y panorámicas urbanas forman parte de un conjunto visual que permite observar la ciudad desde una perspectiva distinta. Entre esas imágenes destaca una fotografía desde el propio Museo Nacional de Arte. “Es una vista nocturna de la Plaza Murillo tomada desde el Museo Nacional de Arte. Cuando identificamos el lugar exacto desde donde fue tomada, dijimos en broma que Chambi sabía que algún día iba a volver al museo”, sonríe Marcelo.

Hoy, esa misma plaza se encuentra rodeada de barreras, controles y restricciones. La fotografía funciona entonces como una especie de cápsula temporal que recuerda que las ciudades cambian, pero también conservan una memoria persistente bajo las capas de la historia.
La exposición llega además en un momento de transformación institucional para el museo. Bajo la dirección de Aida Rada y el trabajo de Marcelo Maldonado, el MNA ha comenzado a replantear la manera en que se relaciona con sus públicos. «Nosotros entendemos que no podemos limitarnos a esperar que la gente llegue», explica Rada. «Por eso hemos creado programas como El Carabanista. Queremos llevar las obras a universidades, barrios y otros espacios culturales. Queremos que el museo salga a buscar a sus públicos.»
La directora habla del proyecto como quien imagina una institución más móvil y menos dependiente de sus muros. «El arte no puede quedarse encerrado. Necesitamos encontrar nuevas formas de llegar a la gente. Sobre todo en momentos difíciles como los que estamos viviendo.» Y es entonces cuando vuelve a aparecer la invitación. No solamente a visitar una exposición.
«Yo quisiera animar a la gente a cruzar esta barrera», dice Rada. «A decirle a la policía que va al museo, que quiere conocer una exposición, que quiere encontrarse con el arte. Porque necesitamos ese apoyo. La cultura no puede ser una víctima permanente de los conflictos sociales. Nosotros seguiremos haciendo nuestro trabajo, seguiremos abriendo nuestras puertas y seguiremos apostando por proyectos como esta muestra de Chambi”. Quizás esa sea la imagen final. Afuera, los cercos. Adentro, las fotografías.
Y entre ambos mundos, la mirada de un fotógrafo andino.

Fotos: Martín Chambi

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