
Armando Chirveches
Los cuadros de pura fantasía necesitan para su ejecución artística buena dosis de realismo, un estudio hondo de la anatomía del desnudo y de la perspectiva y una imaginación poderosa. Para engendrar una obra de arte, primero es preciso, por tanto, mirar muy bien esa naturaleza y copiarla fielmente. El cuadro simbólico ó la alegoría pictórica que no descansa en la firmeza de la viva imagen es por lo general, flojo, desproporcionado y pobre. Nosotros no debemos ignorar la técnica de los puntos y las formas y las líneas del movimiento.
Debemos en consecuencia, renunciar al arte simbólico y convencional á la naturaleza ya que la tenemos magnífica y variada. ¿Qué modelos hallaremos, comparables á la soberbia cadena de los Andes, coronada de nieve inmarcesible que se torna sonrosada á la suave luz del alba y que se incendia en los crepúsculos como en una apoteosis de oro; que dibuja sus líneas blancas sobre el azul de un cielo claro y transparente y se refleja en las aguas cerúleas del Titicaca, formando como un juego de un mundo de lirios. Tenemos valles quebrados y pintorescos que casi siempre ofrecen un tema para un cuadro. Una caída, un salto de agua, un rio en arroyo; una vegetación animada en que el verde oscila con toda la extensión de su gama y finalmente para el último plano, sucesiones de montañas casi azules por la distancia, que se esfuman en un cielo bellísimo.
Por un lado la meseta de la altiplanicie, la pampa triste con sus caseríos remotos, los trozos de peñasco que saltan en la inmensa superficie en que se asordinan las de la altura en un relámpago de gloria, ó el de la vegetación lujuriosa de Yungas y las verdes alfombras de la quebrada de Rio Abajo, junto al lado del yermo formado lentamente por las mesetas y las rocas fantásticas que llaman mazamorra, junto á las agudas y airosas de una roca, estéril y estéril, sonríe un oasis de verdura en medio de una llanura, cabañas, valles y círculos, rodeando una casita pintada de blanco.
Poseemos una gran maestra: la naturaleza. Es menester estudiarla.
Después de pasar de lo simple á lo compuesto por cuestión de método. Es un deber saber de memoria los puntos, planos, manifiestos, altos y bajos relieves, en seguida figuras luminosas que se muevan, que tengan animación y con vida como una rosa ó una margarita, buscando en la naturaleza el origen del color, del movimiento y de la vida y en ella encontraremos la armonía de hombre con todos los seres. Entonces, recién entonces, podremos crear, alcanzar el ideal: esa sugestión mística y virtud de la cual, como dice Taine, el artista escoge solo esas partes y las enseña la perfección á que podía haber llegado en belleza y armonía.
Autor: Armando Chirveches
Publicado en EL DIARIO
SECCIÓN: PALABRAS LIBRES
28 de julio de 1905
Deja un comentario