
Foto: Georg Stege / Fundación Flavio Machicado Viscarra
La máquina del tiempo en Las Flaviadas
Redacción La Escoba Escultural
El carnaval no es solo la fiesta que irrumpe en las calles, es el archivo que la sostiene, la fotografía que la fija, la música que la vuelve a convocar. En la casa de la Fundación Flavio Machicado Viscarra, el Carnaval respira en papel, en foto en blanco y negro, en diapositivas que aún guardan el temblor de los años cincuenta.
Allí conversamos con Cristina Machicado, historiadora y guardiana de un acervo que no solo documenta la historia festiva del país, sino que la interroga. “El archivo no es un depósito del pasado, es una provocación”, dice en Radio París La Paz. Y en ese gesto, Las Flaviadas, como se conoce al espacio autogestionado en Sopocachi, han decidido abrir sus puertas y su memoria.
Georg Stege: ese alemán que fotografió Bolivia
En 1958, un hombre de origen alemán, formado en diseño y fotografía, se infiltró en el corazón del Carnaval de Oruro. Se llamaba Georg Stege.
No era fotógrafo de estudio. Era viajero. Entre 1948 y 1980 recorrió Bolivia con dos cámaras, una para el blanco y negro, la estética profesional de la época, y otra para diapositivas a color, un lujo técnico que hoy se convierte en tesoro. Su colección suma alrededor de 8000 imágenes. Solo del Carnaval de Oruro existen cerca de 500.
En sus fotografías, la Diablada de Oruro aparece antes de la globalización del espectáculo. Hay platería que brilla sin reflectores, ángeles cuyos rostros eran casi desconocidos en el registro visual de la época.

Cristina Machicado muestra una imagen, el enfrentamiento entre el diablo y el ángel. No había muchos retratos de estos personajes y algunos investigadores lograron identificar al bailarín del ángel. No conocían fotos suyas. Eso ya es un hallazgo.
Las máscaras, vistas en primer plano, revelan mutaciones, lagartijas, cóndores, mariposas que ya no existen en las fraternidades actuales. Uno cree que todo ha sido siempre igual, pero las danzas cambian, los bordados, los tintes. El Carnaval es transformación.
Stege vivía en Chijini, barrio de morenadas, y esa cercanía se percibe en la complicidad de los retratos. Los danzantes posan con una naturalidad ajena al gesto instantáneo de hoy. Hay una confianza entre cámara y rostro que sorprende. El fotógrafo no solo documentaba, conversaba, convivía, esperaba el momento.
En la exposición Mirar para Volar, presentada hace tres años en La Paz, apenas se mostraron diez imágenes. Un bosquejo mínimo frente al océano del archivo. Las diapositivas, guardadas en un mueble original del fotógrafo con visor incorporado, son llamadas en la Fundación “la máquina del tiempo”. Al mirar a través de ese pequeño rectángulo iluminado, el siglo XXI se tiñe de pastel. Los colores son más suaves, menos saturados, pero intensamente vivos.
Las Flaviadas y la caravana pre carnavalera
El archivo no se queda en la vitrina. También se prepara una sesión dedicada íntegramente al Carnaval, dirigida por Eduardo Machicado, testigo de otra época.
En su memoria, el baile de los chutas era fundamental. Se danzaba detrás del cementerio, en un espacio que era tanto celebración como sátira. El centro neurálgico era el baile de máscaras del Club de La Paz, espejo social de la ciudad. El Carnaval comenzaba el sábado de víspera y se extendía toda una semana, hasta el sábado de Tentación, cuando en el campo se aretaba con lanas de colores a las alpacas y las llamas, ritual que hoy parece desvanecerse.
El Carnaval de los animales y la música como archivo vivo
La memoria no solo se mira, también se escucha. Este sábado, como víspera, Eduardo compartirá piezas bolivianas junto a fragmentos inspirados en el espíritu lúdico del carnaval, dialogando con El carnaval de los animales de Camille Saint-Saëns, la suite que convierte a leones, cisnes y elefantes en personajes musicales.
La elección no es casual. El Carnaval, como la obra de Saint Saëns, convierte lo animal en metáfora, exagera, parodia, celebra. Y febrero también recuerda el nacimiento de Jorge Federico Händel, cuya Música para los reales fuegos artificiales iluminó el cielo londinense con sonido. Entre pólvora y partitura, la fiesta encuentra su eco clásico.
El archivo como provocación
La colección Stege dialoga con otras festividades, como la del Fiesta del Gran Poder, cuyos mantos han sido objeto de investigaciones recientes. Cada fotografía abre una pregunta. Qué danzas desaparecieron. Qué materiales se usaban. Cómo se transformó la relación entre público y espectáculo.
En las imágenes de los años cincuenta, el Carnaval aparece como espacio profundamente popular, sin graderías jerarquizadas. Las clases sociales se mezclan en la calle. La fiesta es de todos.

El archivo y la biblioteca de Las Flaviadas abren martes, jueves y viernes, de 15:00 a 18:00. El acceso es gratuito. Para consultar materiales específicos se solicita una carta de intención. La motivación es clara, generar acceso a libros, documentos y fotografías, y activar la memoria como práctica viva.
Porque el Carnaval no es solo la explosión del presente. Es también la paciencia del archivo, el silencio del visor que ilumina una diapositiva, la música que vuelve cada carnaval. En Sopocachi, la memoria baila en blanco y negro. Y gracias a quienes la resguardan, podemos mirar y volar hacia la fiesta que sigue transformándose, sin dejar de ser nuestra.
Fotos: Georg Stege/ Fundación Flavio Machicado
@luciacamerati GEORG STEGE EN EL CARNAVAL DEL 58 En la Fundación Flavio Machicado Viscarra abrimos la “máquina del tiempo” para volver a 1958, cuando Georg Stege retrató el Carnaval de Oruro con una sensibilidad que hoy nos sigue interpelando. #Bolivia #diabladaoruro #carnaval #fotografia Stege #Flaviadas
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